Un recorrido por los núcleos de Primeros tiempos. La invención del Museo del Grabado

Museo Nacional del Grabado. Detalle de la exhibición “Primeros tiempos”. Fotografía: Natalí Ziobrowski. Gentileza Museo Nacional del Grabado.



Mural con obras de los primeros tiempos. Fotografía: Natalí Ziobrowski. Gentileza Museo Nacional del Grabado.



Ediciones ilustradas que acrecientan la tradicional relación entre imagen y texto, entre literatura e ilustración. Fotografía: Natalí Ziobrowski. Gentileza Museo Nacional del Grabado.



Contemplando los tacos xilográficos y las obras resultantes. Detrás, una reproducción de la imagen infernal atribuida a Juan Yapari: una de las ilustraciones para el libro De la diferencia entre lo temporal y lo eterno, publicado en 1705, el primer libro impreso en nuestro país. Fotografía: Natalí Ziobrowski. Gentileza Museo Nacional del Grabado.



Silvia Dolinko


Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Buenos Aires e Investigadora del Conicet con radicación en el Centro de Investigaciones en Arte y Patrimonio (CIAP). Directora y docente de la Maestría en Historia del Arte Argentino y Latinoamericano de la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín y Secretaria de Investigación de la Escuela de Arte y Patrimonio de la UNSAM. Secretaria del Centro Argentino de Investigadores de Arte. Ha sido profesora invitada en universidades e instituciones nacionales e internacionales.


Es autora, entre otros libros, de Arte plural. El grabado entre la tradición y la experimentación 1955-1973 y Carpetas Ellena. Estampas y afectos de un editor; editora de Travesías de la imagen. Historias de las artes visuales en la Argentina e Intercambios trasandinos. Historias del arte entre Chile y Argentina, entre otros. Curadora de Impreso en la Argentina (Rosario, Museo Castagnino), Cooperativa Gráfica (Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes), La Protesta. Arte y política en la Argentina (Guadalajara, Instituto Cultural Cabañas, junto con Laura Malosetti), Colección MAC: 9 xilógrafos argentinos (Museo de Arte Contemporáneo, Chile), Transformación. La gráfica en desborde (Museo Nacional del Grabado, junto con Cristina Blanco), Materiales Seoane. Entre Galicia y Argentina (Museo Larreta, con Pablo García Martínez) y en exhibición, Primeros tiempos. La invención del Museo del Grabado, entre otras exposiciones.


Por Silvia Dolinko *

El 27 de octubre se inauguró la exposición Primeros tiempos. La invención del Museo del Grabado, en la que propuse recorrer algunos de los momentos iniciales –situados entre los años 1960 y 1967- de la actual institución nacional. La muestra está conformada, en su totalidad, por estampas, libros, afiches, carpetas y otros documentos de la colección del Museo Nacional del Grabado.

 

Impulsado a comienzos de los años sesenta por el galerista, gestor y editor Oscar Pécora junto con su esposa, Irene Perrando, se originó con el nombre de Museo del Grabado, y su acervo se alojaba en el pequeño espacio de la Galería Plástica, propiedad de la pareja, en la calle Florida. Surgió como propuesta institucional y como expresión de deseo, como colección privada y como locación ambigua (museo y galería coexistieron en el mismo espacio durante siete años, hasta la desaparición del edificio en el que se albergaban).

 

En la década de 1960, la producción gráfica comenzaba a ser valorada en el campo artístico. Su tradición era revisada ante la aparición de nuevas modalidades experimentales que expandían las prácticas canónicas. El grabado ampliaba sus posibilidades, sus poéticas, sus técnicas y también sus espacios de consagración. La gestión de Pécora fue determinante en este proceso de reconocimiento. Si a principios del siglo XX ―con la acción de los artistas nucleados en la Sociedad de Grabadores, entre otras agrupaciones― se habían sentado las bases para instaurar el grabado como disciplina artística moderna en la Argentina, los primeros años del Museo fundado por Pécora fueron clave para su inscripción institucional.

 

La muestra está organizada en cinco núcleos, que se presentan a continuación.


1916: la Sociedad de Grabadores y El grabado

 

Desde la invocación del artista argentino Eduardo Sívori como figura tutelar, un grupo de jóvenes egresados de la Academia Nacional de Bellas Artes, liderado por Mario Canale, impulsó en 1916 la organización de la Sociedad de Grabadores y la edición de la revista El Grabado. Sus objetivos eran “hacer conocer el grabado en sus múltiples manifestaciones y difundir su gusto”.

 

En aquel tiempo, la disciplina no era reconocida dentro del esquema de las Bellas Artes, por lo que estos emprendimientos en pos de su valoración resultaron muy significativos. Xilografías y aguafuertes de sesgo moderno ocuparon las páginas de los tres números de la publicación y también circularon como estampas autónomas.

 

Gracias a la generosa donación de la familia Canale y a las gestiones realizadas por el Museo Nacional del Grabado en 2023, estos primeros grabados modernos, producidos en la Argentina a inicios del siglo XX, resultan las más recientes incorporaciones a la colección institucional. Este primer núcleo de la exposición presenta algunas de esas producciones, con obras de Canale, Eduardo Sívori, Emilio Agrelo, Valentín Thibón de Libián, Ramón Silva, Juan B. Tapia, Hugo Garbarini, Raúl Mazza y Alfonso Bosco.

 

1960: el Primer Certamen Latinoamericano

 

En 1960, Oscar Pécora impulsó desde su Galería Plástica el Primer Certamen Latinoamericano de Xilografía, en el que participaron delegaciones de artistas de diez países del continente. En cierto sentido, esta propuesta puede pensarse como un antecedente inmediato para la conformación del circuito de bienales de grabado que se desarrolló en diversas ciudades de América Latina desde mediados de esa década.

 

Las ganadoras de los tres premios principales del Primer Certamen fueron la ya por entonces muy destacada brasileña Fayga Ostrower, la argentina Nelia Licenziato y la paraguaya Lotte Schulz. La obra de la uruguaya Leonilda González ―fundadora y dirigente del histórico Club de Grabado de Montevideo― también formó parte del concurso. Aun desde distintas vertientes, una impronta moderna compartida vinculaba las estampas en madera de estas reconocidas artistas.

 

Al momento de la entrega de las distinciones, en diciembre de 1960, Pécora anunció que 5789, la obra de Ostrower ―que obtuvo el Gran Premio Galería Plástica― sería la base para crear una institución dedicada por entero a la disciplina. Así, el Museo del Grabado nacía con esa enunciación fundante.

 

Promovido desde la gestión privada para ser donado posteriormente al Estado nacional, el acervo del Museo estuvo alojado en el espacio de la Galería Plástica hasta fines de los años sesenta, cuando inició un derrotero de sedes itinerantes. En 2018 fue instalado en la Casa Nacional del Bicentenario, sede que hoy resguarda su valioso patrimonio.

 

1963: el programa federal

 

El Museo del Grabado impulsó, en octubre de 1963, un vasto programa de exposiciones, conferencias, proyecciones y clases magistrales en más de cuarenta ciudades de catorce provincias argentinas. La consigna “Octubre, mes del grabado”, hoy tan conocida, se remonta a aquella campaña ideada por Oscar Pécora, que ocupó instituciones oficiales, ámbitos privados y públicos, galerías y museos de casi todo el país.

 

La programación, de alcance federal, aspiraba a difundir la disciplina en la escena del arte contemporáneo, a la vez que se proponía dar nuevo impulso al Museo del Grabado que, lanzado en diciembre de 1960, aún estaba “en formación” y sin sede propia.

 

Integraron la exhaustiva propuesta nombres de artistas consagrados y emergentes, de docentes y estudiantes, referentes y olvidados, que, a partir de ese momento, empezaron a tener un lugar en el relato de la historia del arte local. Las estampas presentadas en los distintos espacios de exhibición implicaban una propuesta moderna, pero que todavía precisaba ser considerada y explicada desde su estatuto de producción artística, para diferenciarla de la mera reproducción técnica. De allí el título que nucleaba esta serie de actividades: Contribución al mayor conocimiento del grabado como obra de arte.


Esta sección de Primeros tiempos apunta a dar cuenta del extenso programa sostenido por Pécora en octubre de 1963 y de la modernidad de los grabados que formaron parte de la iniciativa. No se presentan estrictamente las piezas exhibidas en aquella instancia, sino algunas obras realizadas en los años sesenta por artistas que participaron del evento: Alda María Armagni, Adolfo Bellocq, Domingo Bucci, Aída Carballo, Alfredo de Vincenzo, Guillermo Facio Hebequer, Clara Ferrari, Carlos Filevich, Jorge González Mir, Juan Grela, Alfredo Guido, Fernando López Anaya, Ana María Moncalvo, Norberto Onofrio, María Sara Piñeiro, Liliana Porter, Victor Rebuffo, Mabel Rubli.

 

Este núcleo concluye destacando el lugar del artista platense Edgardo Antonio Vigo en su entusiasta apoyo al Museo del Grabado y a la campaña de 1963 en una nota que publicó en el diario El Día, donde repasaba la trayectoria de Oscar Pécora. La relación entre ambos hombres se evidenciaba en la publicidad de la Galería Plástica presente en muchas de las contratapas de la revista publicada por Vigo, Diagonal Cero. En 1967, el artista inició el proyecto del Museo de la Xilografía de La Plata, que consideraba la institución porteña como uno de sus principales referentes.

 

Los afiches

 

Los sesenta fueron años de auge de la producción de grabado y, consecuentemente, de una inédita presencia de exhibiciones de estampas en la cartelera de muchas galerías de arte. Junto al espacio de Plástica ―sede del Museo del Grabado―, otros ámbitos comerciales incluyeron exposiciones de xilografías, aguafuertes y litografías, tanto de artistas noveles como de notable trayectoria. De elaboración industrial o artesanal, anónimos o de autoría conocida, los afiches potenciaron la visibilidad de estas propuestas.

 

En esa década se recurrió a la serigrafía como recurso técnico para realizar afiches: sin estatuto artístico claramente definido, esa modalidad gráfica ―también conocida por entonces con la denominación comercial Planart― fue una de las nuevas vías para imprimir las imágenes y los textos que componían esos diseños modernos.

 

Primeros tiempos incluye un muro que articula afiches de exposiciones de diversos artistas argentinos en galerías de arte del país; entre los diseños, pueden destacarse los afiches de Edgardo Giménez para exposiciones de Antonio Seguí y de Delia Cugat; el afiche que incluye un aguafuerte original de Libero Badii o el diseño en técnica mixta de Zygro, entre otros.

 

1967: las ediciones en la Biblioteca

 

El grabado en las ediciones argentinas fue, probablemente, la más extensa muestra sobre gráfica artística realizada en nuestro país. En octubre de 1967, se desplegaron en las salas de la Biblioteca Nacional, en la ciudad de Buenos Aires, más de quinientas publicaciones históricas y contemporáneas ―libros, carpetas y revistas― que incluían estampas originales de artistas argentinos. Organizada por el Museo del Grabado, la exposición ponía de relieve la tradicional relación entre imagen y texto, entre literatura e ilustración. Pero, sobre todo, hacía énfasis en el estatuto artístico y el valor simbólico del grabado multiejemplar, que le permitía trascender la estricta relación de dependencia con el soporte editorial.

 

La tapa del catálogo de la muestra se centró en una imagen infernal atribuida a Juan Yapari: una de las ilustraciones para el libro De la diferencia entre lo temporal y lo eterno, publicado en 1705. La revista Plástica (1935-1936), el Anuario Plástica (1939-1948) y el volumen 65 grabados en madera. La xilografía en el Río de la Plata (Ediciones Plástica, 1943) constituyeron la saga editorial desarrollada por Oscar Pécora muchos años antes del inicio del Museo del Grabado. Esas publicaciones formaron parte significativa de la exhibición en la Biblioteca Nacional y, en términos más amplios, fortalecieron nuestra historia, pues dieron un lugar destacado al grabado original producido en la Argentina, y contribuyeron a su conocimiento y valoración.

 


En definitiva, Primeros tiempos presenta un conjunto de obras ―muchas de ellas desconocidas, o nunca exhibidas hasta ahora ―, que permiten revisar algunas escenas del proyecto fundacional del actual Museo Nacional del Grabado y, en términos más amplios, de la instauración del grabado como disciplina artística moderna en nuestro país. La muestra presenta indicios acerca de los caminos por los que se difundió, indaga sobre algunas de sus derivas dentro y fuera del Museo, y propone pistas sobre su devenir como colección pública.

 

* Especial para Hilario. Artes Letras Oficios




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