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EL MAESTRO DE LA BOCA

Quinquela Martín. Buenos Aires. Circa 1964.


Gelatina de plata (medidas: 17,1 x 23,9 cm) con margen blanco, montada sobre un soporte rígido, medidas: 26 x 32 cm. El retrato lleva la dedicatoria y firma del maestro de la Boca. Ejemplar en buena forma.


A partir de mediados del siglo XIX pintores y fotógrafos no fueron precisamente lo que se llama grandes amigos; es que estos últimos venían con sus misteriosas cámaras a revolucionar el antiguo arte de la paleta y el pincel hasta poner en peligro la subsistencia de los primeros.


Felizmente los años fueron pasando y el asunto se fue aggiornando: en especial cuando los artistas de caballete necesitaban acudir a "esos" retratos mecánicos, para difundir o promocionar las "vera efigies" que acompañaban sus creaciones artísticas.


En el caso puntual de Benito Quinquela Martín (1890-1977) debemos señalar que, el rápido reconocimiento del talento pictórico de aquel humilde carbonero y el hecho mismo de su increíble historia, lo transformaron en una figura realmente popular y..... a través de todas las clases sociales.


Y ya se sabe que reconocimiento y fama a partir del siglo XX, se tradujo siempre en reportajes, entrevistas, invitaciones o giras.... siempre acompañadas de las infaltables cámaras fotográficas de profesionales. 


En especial sus amigos y admiradores pretendían muchas veces contar al momento con un buen retrato fotográfico de Quinquela e inclusive que el mismo les sea autografiado por el genial boquense y, entonces, como tantas celebridades de su época, Benito Quinquela debió apelar o aceptar que ciertos fotógrafos de renombre lo retraten.


Observamos en Quinquela una cierta tendencia a retratarse de medio perfil y, sobre todo, teniendo como fondo sus llamativas pinturas o murales como la obra que hoy nos ocupa. Pero debemos puntualizar que, en su extensísima iconografía fotográfica, este retrato es uno de los más logrados y curiosamente, muy poco conocido. Esta composición era una de sus favoritas -sabemos que él tuvo más de un ejemplar que entregó a sus amigos dedicado-, pues le permitía utilizar el lado claro de la izquierda para escribir dedicatoria, fecha y hasta estampar la codiciada firma, tal como observamos en un caso similar del año 1966 y dedicado a su gran amigo Cecilio Madanes.


Gelatina de plata vintage realizada hacia década de 1960, Benito Quinquela Martín posa pensativo con un dedo en la barbilla - el detalle de la larga ceniza acentúa dicha actitud, teniendo como fondo una de sus célebres pinturas sobre el Riachuelo. El juego de fuerte luz y acentuada sombra nos recuerda el efecto Rembrandt.

 

Por Abel Alexander

Presidente 

Sociedad Iberoamericana de Historia de la Fotografía.


AUTOR FOTÓGRAFO NO IDENTIFICADO
ITEM 14
PRECIO U$S 335

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