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EL CRIPTOARTE. ¿LLEGÓ PARA QUEDARSE?



El arte y el coleccionismo avanza por caminos insospechados, y lo hace con celeridad, al punto de batir récords con obras que no son más que archivos digitales imposibles de duplicar (1), vendidos en valores millonarios en dólares.

En principio, aclaramos que se trata de arte digital; creaciones que circulan por Internet, pero con características especiales. Y en términos de mercado, la venta implica transferir los derechos de propiedad de un archivo de tipo digital -almacenado en plataformas denominadas blockchain (2)-; códigos encriptados que llevan por nombre en una jerga propia, “token no fungible” (NFT por sus siglas en inglés). (3)

Cada obra de arte se encuentra almacenada en una plataforma o marketplaces con tecnología Blockchain, inviolable, y junto con la creación artística, intangible, se registran allí los datos del propietario, en origen su autor. Estos bienes han ingresado al mercado del arte con galerías especializadas y ventas en casas de subastas, como Christie's, que en marzo pasado bajó el martillo a una creación del artista Beeple en la friolera de 69,3 millones de dólares. La subasta en línea se inició con una base de 100 dólares y al cabo de dos semanas de pujas, alcanzó la tercera marca en el ranking de ventas por remates de artistas vivos, sólo superado por Jeff Koons y David Hockney.

La obra titulada Everydays: The first 5000 days (Todos los días: los primeros 5000 días), una reunión de miles de imágenes creadas por Beeple y publicadas -posteadas- en Instagram cada día a lo largo de los últimos trece años, fue la primera de estas características ofrecida por la firma en su sede neoyorquina luego de impulsar una importante estrategia de marketing. El resultado superó las más altas expectativas, aunque los expertos de Christie's le asignaban “un papel importante en el mundo del arte”, al llamado criptoarte. Mike Winkemann, un diseñador gráfico oriundo de Missouri (USA), necesitó un tiempo para salir de su asombro: es el autor de aquella obra -firmada con su seudónimo Beeple-, y jamás imaginó alcanzar tal cifra. Con mucha más celeridad se deshizo de las criptomonedas recibidas, las cambió por dólares.

El mercado -con las ferias de arte y las subastas presenciales muy afectadas por la pandemia- avanza con celeridad en el universo online pero este fenómeno de los tokens no fungibles o NFT tiene características especiales y más allá de toda especulación de márketing, anuncia otra vía para la creación artística.

México acaba de llevar a buen puerto una primera iniciativa en América Latina; la casa de subastas Morton vendió una obra titulada Viva, una creación virtual realizada por el artista local Juan Carlos Vall, en un monto muy lejano de la marca obtenida por Beeple. De todos modos, fue capitalizado como un éxito por los ejecutivos de la firma mexicana y por el propio artista. Es un camino que recién comienza y pensamos ofrecer más piezas NFTs en las próximas subastas -se anunció. La operación fue realizada con el respaldo tecnológico de una plataforma canadiense-española llamada Oaro, que trabaja desde hace cuatro años con otros activos de blockchain. Su CEO, Ariano Hernández, reconoció que “los países más interesados en NFTs siguen siendo Estados Unidos, Canadá y algunos países asiáticos. Pero, en los hispanohablantes, han visto interés creciente en España, Argentina, Colombia y especialmente, México”. (4)

Para muchos analistas, la estrategia de Christie´s -de proyección universal- tenía el éxito garantizado; el mercado de nerds y especuladores de las criptomonedas le ofrecían el escenario propicio y ellos guionaron el espectáculo. Al fin se hizo público el nombre del comprador, el millonario indio Vignesh Sundaresan, un inversor exitoso en estas tecnologías blockchain, en especial en las criptomonedas. Sundaresan declaró públicamente que lo hizo para “mostrar a los indios y a la gente de color que ellos también pueden ser mecenas”. Lo cierto es que dos meses más tarde, la misma casa de subastas vendió una colección de nueve CryptoPunks raros en 16,9 millones de dólares y como era previsible, Sotheby´s ya se lanzó a la venta de obras de criptoarte.

Phillips, otra de las grandes casas de subastas internacionales, alcanzó los 4.144.000 dólares para Replicator, una creación NFT firmada por Mad Dog Jones, seudónimo de Michael Dowbak. La obra hace una referencia visual sobre una fotocopiadora instalada en una oficina en Los Ángeles; en su origen una tecnología de vanguardia, hoy rumbo a la obsolescencia. Dowbak, con su cuenta en Instagram, avanzó con la tecnología de los tokens no fungibles y en noviembre pasado lanzó una colección de cien obras que vendió a un dólar. Su plan iba más allá… Aquellos valores fueron creciendo a la par de las buenas noticias generadas por este novedoso mercado y pocos meses atrás ofreció siete obras nuevas y únicas. Pero con una sola forma de acceder a ellas: debían recomprar cinco de las primeras, las que eran canjeadas por una nueva. Cuando Dowbak recibía las cinco iniciales, las destruía, creando más escasez sobre su stock y haciendo subir los precios en el mercado de subastas para las restantes. Premiaba así a los primeros coleccionistas que invirtieron en su proyecto. Un auténtico operador de mercado.







La exclusividad, siempre la exclusividad.

Los NFT no pueden ser copiados o replicados; su tecnología garantiza la exclusividad y promueve el coleccionismo. Pueden contener obras de arte, textos, juegos digitales, música… todo aquello que sea digital. Jack Dorsey, el creador de Twitter, vendió su primer tuit en 2,9 millones de dólares. Y hasta el New York Times hizo lo propio con una columna editada en su diario. Pero lo más asombroso quizás lo encontremos en la firma Hanson Robotics de Hong Kong, cuyo robot humanoide Sophia realizó un autorretrato, un token no fungible, que se vendió en una subasta por 689.000 dólares. Y entre los criptocoleccionables NFT, los cromos “NBA Top Shots” han registrado ventas por más de 30 millones de dólares en un día; los fanáticos de la liga de básquet de USA movilizan un mercado que sorprende a propios y extraños.

Regresando nuestra mirada al arte; en este vértigo, ya existe una plataforma de subastas virtuales sólo dedicada al arte digital (www.niftygaeway.com) que promociona haber realizado numerosas ventas de reconocidos artistas de NFT, entre ellos, del famoso Beeple. Se auto califican como el principal mercado para “Nitfies”, artículos digitales no fungibles.

Y por supuesto, las galerías también fijan su mirada en este nuevo producto, disparado por la tecnología más avanzada, que evita la multiplicación. Cada token es único y está asociado a una obra de arte o a otro coleccionable, y su propietario lo es también de la obra de arte asociada.

Su desarrollo virtual se expande sin límites y hasta han nacido museos, como es el caso del llamado Museum of Crypto Art (https://museumofcryptoart.com/) que desde su web invita a “explorar la hermosa y apasionante necesidad de crear y recrear”, siempre buscando un público diverso aunque con el objetivo de conectar artistas y coleccionistas fomentando una comunidad global del arte criptográfico.

La aventura del coleccionismo alcanza un nuevo “territorio”, un espacio virtual donde el arte busca expandir fronteras. Sin duda, el futuro ya es presente, aunque los interrogantes sobre el refugio de su valor resulten una amenaza para los más entusiastas, quienes por lo general actúan en el espacio de las criptomonedas.

¿Y por Argentina, cómo estamos?

Un diseñador argentino radicado en Barcelona, Andrés Reisinger, ya forma parte de este universo del criptoarte con muy buenos resultados: una serie de diez creaciones de su autoría alcanzó el precio máximo de 450.000 dólares, un valor sólo accesible para muy pocos artistas de nuestro medio.

Y con buenos reflejos, el MALBA dictó un curso a inicios de este mes: “¿Qué es el Criptoarte? Introducción al arte en la era de su tokenización”. El historiador del arte Juan Cruz Andrada fue el responsable de esta acción.

Para incluir una mirada desde el interior de nuestra geografía, consultamos al recientemente nombrado vicepresidente de arteBA, el coleccionista Eduardo Mallea, abogado, muy comprometido en el arte contemporáneo.

HILARIO: En tanto, ¿cómo actúan los coleccionistas locales de arte contemporáneo? ¿Ya has experimentado con el criptoarte? ¿Lo tienes en tu campo de interés?

EDUARDO MALLEA: Entiendo que aún es algo incipiente, que ha despertado el interés del medio local, tanto de artistas, coleccionistas e instituciones. Si bien estuve averiguando por una obra de El Pelele, con quien estuvimos intercambiando opiniones y comentarios sobre esta nueva experiencia, aún no he adquirido criptoarte. La obra del Pelele, “Pase Mágico”, se ofrece en la plataforma Foundation. Es una edición de 1, con un precio de reserva de 0.50 ETH (criptomoneda Ethereum) (unos USD 1.026,30). Una vez que se hace la oferta por ese precio de reserva comienza un plazo de 24 horas de subasta por esta obra. 

¿Y las galerías, ya ofrecen propuestas de NFT?

EM: No aún, o al menos no que yo esté enterado. Desde un punto de vista técnico, un NFT -token no fungible- es una unidad de datos en un libro de contabilidad digital en el que cada NFT representa un solo artículo. Los NFT implementan tecnología blockchain para registrar la propiedad sobre un objeto y validar su autenticidad. Es decir, funcionan como un título de propiedad y una certificación de autenticidad respecto de una obra. Aún lo veo en el campo experimental. La compra con criptomonedas sí es algo de lo que se habla más. El tema es la volatilidad de la criptomoneda, algo que no ocurre con el dólar estadounidense. El peso argentino también se utiliza en la compra de obras de arte, en obras de mayor accesibilidad al público. Entiendo que quizá para estas últimas obras lo relativo al NFT y la criptomoneda sea algo más complejo de instrumentar.  

¿Hay artistas argentinos, residiendo aquí, que ya estén trabajando con estos recursos electrónicos?

EM: Puedo mencionar a El Pelele. En la plataforma Foundation hay otros artistas locales, como Sofja, Astrosuka (que nació en Rusia, pero vive en Argentina desde hace varios años) y Gabriel Rud. 

¿Y arteBA, con su nueva conducción y nuevos horizontes, planea un espacio para el criptoarte?

EM: Desde ya es algo que estamos analizando en ArteBA. Hace unas semanas organizamos una charla interna, para los miembros de la comisión directiva de la Fundación, donde conversamos sobre aspectos creativos, de mercado y legales sobre los NFT y el criptoarte. Estamos por organizar una segunda charla y tenemos como idea brindar una conversación al público en el marco de las acciones que ArteBA lleva adelante para promocionar al arte local.


Notas:
1. No duplicables, salvo que el artista lo haga exprofeso, y sea parte intrínseca de la obra.
2. Blockchain: tecnología diseñada para administrar un registro de datos compartidos y en línea, que se caracteriza por ser verificado, seguro e inamovible. Esta tecnología se asocia a las transacciones con criptomonedas.
3. Token: para el especialista William Mougayar -autor del libro The business blockchain-, un token es “una unidad de valor que una organización crea para gobernar su modelo de negocio y dar más poder a sus usuarios para interactuar con sus productos…” Y un bien es “no fungible” cuando no se consume en su uso.
4. Camila Osorio: Vendida por 90.000 pesos… México. Publicado en El País digital. 25.6.2021.



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