La ficha que desordena el mito. Nuevos datos sobre el origen de Segundo Ramírez Sombra

Retrato de Segundo Ramírez. Fondo documental Ricardo Güiraldes [donación de Adelina del Carril], Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo, Luján.



Fotografía publicada en la revista Caras y Caretas, n.º 1524 [17 de diciembre de 1927], correspondiente al artículo «Don Segundo Sombra» de Eugenio Julio Iglesias.



Ficha del registro de enrolamiento de Segundo Ramírez (1927). Archivo General del Ejército Argentino [acceso vía FamilySearch]



Segundo Ramírez con boina, camisa, chiripá y alpargatas. Fondo documental Ricardo Güiraldes [donación de Adelina del Carril], Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo, Luján.



Segundo Deferrari 


Técnico en Administración de la Cultura [2019 – 2023, Universidad Nacional Tres de Febrero], actualmente cursa en esta casa la Licenciatura en Políticas y Administración de la Cultura. Gestor cultural e investigador especializado en artesanías, fue director del Museo Las Lilas de Areco [2019 - 2025], siendo previamente el director de la Biblioteca de la misma institución [2011-2018].

 

Autor de las investigaciones y textos que forman parte de catálogos razonados imprescindibles para quienes disfrutamos con los oficios tradicionales; nos referimos, entre otros, a «La forja del Plata» [2012], «La del estribo» [2013], «La rastra y el tirador» [2014], y «Guasqueros argentinos. Un arte vivo» [2016]. Su labor en catálogos también incluye «Eleodoro Marenco. De Gauchos y de Patria» [2015], «Colección Anchorena. Pampa profunda» [2017], y «Francisco Ayerza. Retratos criollos» [2018].

 

Más recientemente, ha dirigido la investigación y desarrollo editorial de «El Cuchillo Criollo» [2022], «Testimonios de identidad. Colección Collazo» [2023], «Alma de Curupí. Esculturas de Juan de Dios Mena» [2023], «El Caballo en la obra de Enrique Castro» [2024] y «Raota. La mirada sensible» [2025].

 

Ha colaborado como curador en el Museo de Arte Popular José Hernández [MAP] en las muestras “En crudo” [2019] y junto a Horacio Torres y Roberto Vega Andersen, en “Platería argentina, una pasión” [2025].

 

Ha sido distinguido por el Fondo Nacional de las Artes (FNA) con la Beca Bicentenario a la Creación [2017] y el Segundo Premio en el Concurso de Patrimonio [2018], ambos por sus proyectos sobre el cuero crudo. 

 

Como artesano, ha expuesto su trabajo en cuero crudo en destacadas ferias y museos de Argentina, Francia [Prix de Diane Hermés, 1999] y Estados Unidos [National Cowboy Museum, 2004-2010]. Recibió el Primer Premio en Cuero/Soguería del Concurso Nacional de Artesanías del FNA [2012] y el Gran premio adquisición de la Secretaría de Cultura en Berazategui [2011].


Por Segundo Deferrari *

Hace algunas semanas di con el Libro de Enrolamiento del Distrito Militar 14, jurisdicción con asiento en el norte bonaerense que incluía a San Antonio de Areco, donde encontré un registro a nombre de Segundo Ramírez. No es el primer documento oficial con información sobre don Segundo, pero nos brinda un testimonio de un momento clave de su vida, justo antes de saltar a la fama mediática y entre dos hitos de su biografía: el acta de su primer casamiento [1891] y las actas de su segundo matrimonio [1934]. Comparto aquí esa ficha y un ensayo de diálogo con lo que ya sabíamos [o creíamos saber] sobre el hombre que se convirtió en Don Segundo Sombra.


Frente al gaucho de bronce esculpido por la sacralizante pluma de Lugones [quien consagró la novela en su reseña de La Nación del 12 de septiembre de 1926, donde  afirmó que era «Patria pura»], la ficha de enrolamiento nos devuelve al paisano que habitó la campaña bonaerense entre dos siglos durante el período de consolidación y modernización del Estado-nación. El 14 de marzo de 1927, en San Antonio de Areco, un hombre se presentó ante el aparato de reempadronamiento del Estado y quedó anotado bajo el nombre civil de Segundo Ramírez. Para entonces, Argentina había forjado un aparato civil-militar sin precedentes que convirtió al ejército en la oficina de identidad nacional. Este sistema reemplazó las antiguas filiaciones verbales por la huella dactilar, permitiendo registrar a la población analfabeta. El trámite respondía a una campaña estatal que obligaba a las «clases viejas» a empadronarse bajo amenaza de perder sus derechos civiles y políticos. La ficha, completada al año siguiente de la publicación de la novela Don Segundo Sombra pero antes de la muerte de Ricardo Güiraldes y el salto a la fama, lo fija como peón de estancia en La Fe, analfabeto, sabedor de andar a caballo e incapaz de nadar o de conducir. Mientras la crítica de 1926 lo elevaba a Patria pura, la burocracia de 1927 lo atrapaba en la letra chica de un formulario: un jornalero, hijo de Juan de Dios y Carmen Sombra. La misma hoja quedaría completa años después con la fecha de su muerte, 20 de agosto de 1936, cerrando administrativamente el expediente que el propio enrolamiento había iniciado.


Dos datos de la ficha exigen leerse no como certezas, sino como huellas institucionales atravesadas por la indiferencia cronológica y la adaptación para evitar conflictos con el aparato estatal, dinámicas propias de las clases populares rurales de ese contexto. El primer dato a destacar es la asignación a la Clase 1861, clase que lo rejuvenece cerca de una década respecto de la fecha de nacimiento que declarará en 1934 frente al Registro Civil de San Antonio de Areco para su segundo casamiento. El cotejo de su caso con el de otros enrolados en la misma foja sugiere que la clase asignada operaba como una estimación administrativa antes que como un dato biográfico verificable. Sin embargo, en el caso de Ramírez, esa alteración del registro adquiere un sentido pragmático si se la cruza con la Ley Sáenz Peña de 1912, que eximía de votar a los mayores de setenta años. Bajo esta luz, la asignación a la Clase 1861 permite suponer una alteración deliberada por parte del encargado registral destinada a prolongar su estatus de votante obligatorio y garantizar su disponibilidad para el aparato político por más tiempo.


El segundo dato que entra en conflicto con la información existente es la fijación de San Nicolás de los Arroyos como lugar de nacimiento. Aunque ya había declarado este origen en el Registro Civil de San Pedro en 1891 al momento de casarse con su primera esposa, Venancia Martínez, la repetición no debería leerse necesariamente como la certificación de una raíz geográfica, sino como una estrategia frente al Estado. Para un jornalero de alta movilidad, la provincia natal era una categoría fluida y negociable. Ante el rigor del Estado, presentarse como natural de una ciudad portuaria bonaerense, relativamente cercana, funcionaba como un escudo legal frente al punitivo Código Rural de la provincia, evitando así la peligrosa clasificación de «forastero» o «vago» que lo exponía a levas forzosas.


Con todo, el hallazgo más disruptivo del documento radica en su filiación: por primera vez en un registro escrito, la madre aparece anotada como Carmen Sombra. Mientras que en 1891 había declarado a una difunta Venancia Rodríguez [única instancia documental donde este nombre de pila es asignado a su madre], la ficha militar restituye un apellido que el propio Ramírez confirmaría en 1932 ante el cronista Luis Francisco Diéguez. En aquel reportaje, el más extenso realizado en vida y publicado en el diario Jornada -el que se creó para sortear la clausura impuesta por el gobierno de José Félix Uriburu al diario Crítica-, el entrevistado se presentó como «Don Segundo Ramírez Sombra», apellido que terminaría legando a sus hijos de crianza al legitimarlos en el casamiento de 1934. Este dato relativiza la lectura promovida por el periodismo de la época, que interpretaba el término «Sombra» como una mera metáfora de su tez oscura o como el aura fantasmal de un pasado gaucho en extinción. 


El documento estatal sugiere que Sombra corresponde a un linaje materno concreto y no a un epíteto inventado para la ficción. Esta materialidad del apellido encuentra respaldo a nivel macrohistórico: un rastreo censal indica que Sombra fue un apellido histórico documentado desde 1778 en la región cuyano-serrana, inicialmente vinculado a poblaciones de ascendencia indígena. Aunque este marco estadístico no permite asegurar una continuidad genealógica ininterrumpida con Segundo Ramírez Sombra, evidencia la presencia histórica del apellido en la región y corrobora los patrones de migración demográfica hacia el Litoral y la provincia de Buenos Aires, restituyendo al nombre un nuevo espesor material frente al mito literario.


La ficha de 1927 no viene a develar una verdad oculta, ni nos permite tratar a Don Segundo como una víctima pasiva de la maquinaria estatal. Sus fluctuaciones documentales pueden ser leídas como las decisiones tácticas de un jornalero que administraba su identidad frente al interlocutor de turno con la misma astucia con la que modulaba sus relatos en el fogón. La biografía de Segundo Ramírez Sombra queda así expuesta como un territorio de disputa activa entre tres fuerzas: la burocracia del Estado que lo clasifica, el poder que lo patrimonializa como parte de una estrategia de construcción de la identidad nacional, y la propia voz de Don Segundo que negocia, calla y reescribe su historia cada vez que la situación lo amerita.


Adelanto exclusivo para Hilario que sintetiza los avances de la investigación en proceso que estoy realizando sobre Segundo Ramírez Sombra. Estos hallazgos formarán parte de un libro de próxima publicación dedicado a reconstruir su biografía más allá del mito literario.


Suscríbase a nuestro newsletter para estar actualizado.

Ver nuestras Revistas Digitales