A comienzos del siglo XX, las tarjetas postales atravesaban su período de mayor popularidad y constituían uno de los principales medios para conocer ciudades, monumentos, paisajes e instituciones de lugares muchas veces inalcanzables para la mayoría de las personas. Para los editores, una postal exitosa debía condensar en una única imagen la esencia de un lugar; para el público, esa misma imagen terminaba convirtiéndose en el recuerdo visual de un espacio querido, anhelado o, en muchos casos, jamás visitado. De este modo, las postales no solo difundían paisajes y edificios, sino que contribuían activamente a construir la memoria visual de ciudades, monumentos e instituciones. En este contexto, los grandes edificios públicos considerados representativos de una ciudad se convirtieron en motivos privilegiados de las colecciones de tarjetas postales. El Museo de La Plata, por su monumentalidad y por el lugar que ocupaba dentro del paisaje urbano de la nueva capital bonaerense, no fue una excepción.
Entre las numerosas fotografías históricas del Museo de La Plata, pocas alcanzaron una difusión tan amplia como la vista frontal realizada por el fotógrafo estadounidense Harry Grant Olds [1868-1943], quien se estableció en Buenos Aires en 1900. La fotografía ofrece una representación particularmente eficaz del edificio: una amplia vista del frente principal, captada desde una ligera perspectiva. Esa combinación de claridad compositiva y fuerza visual hizo de esta imagen un motivo especialmente apropiado para su reproducción y circulación en tarjetas postales.
La composición resalta la marcada simetría del edificio, concebido por Francisco P. Moreno y proyectado arquitectónicamente por Francisco Tamburini. Su construcción se inició en 1884, el mismo año en que el Museo fue creado oficialmente por decreto provincial. Las obras principales concluyeron hacia 1887 y el Museo abrió definitivamente sus puertas al público el 19 de noviembre de 1888. El pórtico clásico y los hemiciclos de los extremos laterales dominan la composición. Las ventanas bajas que circundan el basamento de la fachada evidencian una de las modificaciones arquitectónicas más características realizadas en el edificio durante esos años. La ausencia de personas, carruajes o vehículos elimina cualquier referencia a la vida cotidiana y convierte al edificio en un verdadero monumento arquitectónico.
En aquellos años, el paisaje del Paseo del Bosque era muy diferente del actual. Los árboles que hoy rodean al edificio eran todavía pequeños o, en amplios sectores, aún no habían sido plantados. La única excepción correspondía a los eucaliptos ubicados sobre uno de los laterales del museo, junto a la avenida del Bosque. Aunque en las fotografías de fines del siglo XIX y comienzos del XX estos ejemplares todavía presentan un porte reducido, su presencia antecede a la construcción del museo, ya que formaban parte de las plantaciones realizadas por la familia Iraola cuando estas tierras integraban su extensa estancia [antes de la fundación de la ciudad de La Plata]. La ausencia de la frondosa arboleda que hoy caracteriza al paseo confiere a estas primeras fotografías un valor documental excepcional y explica buena parte de su fuerza visual. Sin obstáculos que interrumpan la perspectiva, la arquitectura puede apreciarse en toda su magnitud, resaltando la monumentalidad con la que fue concebida.
La célebre vista del Museo de La Plata realizada por Harry G. Olds fue incorporada tempranamente al catálogo de Roberto Rosauer, quien aparentemente fue el primer editor en reproducir esta fotografía como tarjeta postal. La imagen apareció en la primera serie de Rosauer, iniciada en 1901, donde fue identificada con el N.º 51. Esta serie continuó produciéndose hasta 1903, cuando fue reemplazada por una segunda serie que volvió a utilizar la misma fotografía, aunque con un diseño y un tipo de papel diferentes. Aunque existían ediciones anteriores con vistas del museo, como algunas publicadas por Jacobo Peuser, fue la imagen de Olds la que alcanzó una difusión extraordinaria. Rosauer la reimprimió, al menos, en cuatro series diferentes de tarjetas postales, introduciendo únicamente leves modificaciones en los textos impresos, la tonalidad o el diseño editorial. Con el tiempo, otros editores también recurrieron a esta misma fotografía, algunas veces respetando el original y otras incorporando pequeños cambios de encuadre, contraste o coloración manual, pero rara vez acusando el crédito de autoría del fotógrafo a diferencia de Rosauer que lo hacía rigurosamente [Loeb y Howat, 1992]. La persistencia de una misma imagen durante varias décadas revela tanto su notable éxito comercial como el reconocimiento que había alcanzado entre el público.
Su circulación tampoco quedó restringida al mercado de las tarjetas postales. La fotografía fue reproducida también en el libro To the River Plate and Back. The Narrative of a Scientific Mission to South America, publicado por William J. Holland en 1913, prestigioso naturalista estadounidense y director del Carnegie Museum de Pittsburgh, que desempeñó un papel central en la donación al Museo de La Plata de la réplica del célebre esqueleto de Diplodocus carnegii. Durante su visita a la Argentina, Holland adquirió de su compatriota estadounidense Harry G. Olds numerosas de sus fotografías. Estas imágenes complementaron las fotografías tomadas por el propio Holland y por su asistente durante el viaje, y fueron incorporadas como ilustraciones en el libro publicado en 1913.
Harry G. Olds llevó a la práctica uno de los sistemas de producción fotográfica más innovadores de su tiempo, orientado específicamente al mercado editorial. Fue uno de los primeros fotógrafos en organizar un verdadero banco de imágenes destinado a abastecer revistas ilustradas, periódicos y, especialmente, tarjetas postales, aprovechando las profundas transformaciones tecnológicas y editoriales que caracterizaron el pasaje del siglo XIX al XX [Staude, 2024]. Además de realizar fotografías de estudio, concentró buena parte de su trabajo en registrar paisajes urbanos, edificios públicos, establecimientos industriales, escenas rurales y costumbres populares mediante composiciones claras, equilibradas y fácilmente reconocibles. Sus negativos de gran formato, de notable calidad técnica, permitieron reutilizar las imágenes durante décadas y favorecieron su continua reedición. La fotografía del Museo de La Plata constituye uno de los mejores ejemplos de este proyecto visual, que no solo documentó la Argentina de comienzos del siglo XX, sino que también contribuyó a construir una iconografía emblemática del país.
La trascendencia del legado de Olds también se explica por la recuperación y preservación de su archivo fotográfico. Una parte de su producción se conserva en el Archivo General de la Nación y en el Museo Histórico Nacional de Chile, mientras que en años recientes la labor impulsada por Alfredo Srur y la Fundación Centro de Investigación Fotográfica Histórica Argentina [CIFHA] permitió localizar, restaurar y conservar cerca de un millar de negativos de vidrio y nitrato, centenares de copias originales, ferrotipos, manuscritos y documentación personal del fotógrafo. Gran parte de este valioso material había permanecido durante décadas en un baúl resguardado por su familia. Su recuperación hizo posible reconstruir aspectos hasta entonces desconocidos de su biografía, sus viajes y su metodología de trabajo, enriqueciendo el conocimiento sobre uno de los fotógrafos que más contribuyó a construir la imagen visual de la Argentina de comienzos del siglo XX [Staude, 2024; Srur, 2024; Fundación CIFHA]. Más de un siglo después de haber sido tomada, la fotografía de Harry Grant Olds continúa siendo uno de los documentos más destacados del patrimonio fotográfico argentino y una de las imágenes históricas por excelencia del Museo de La Plata. Su extraordinaria difusión demuestra el papel que desempeñaron las tarjetas postales en la construcción de la memoria visual colectiva, transformando una fotografía documental en un verdadero emblema institucional que aún hoy define la manera en que el museo es imaginado, reconocido y recordado.
Agradecimientos
Los autores desean agradecer especialmente a Claudia Di Leva y a Vanina Velasco [Fundación Azara] por la constante ayuda y la digitalización de material de archivo. A Ana Loeb, por el acceso a la colección de tarjetas postales conformada por Marcelo Loeb.
Lecturas sugeridas
Alexander, A. y Priamo, L. [2011]. «Noticias de un desconocido». En H. G. Olds. Un norteamericano retrata la Argentina. Fotografías 1900-1943, 30-31. Buenos Aires: Antorcha.
Bogan, S. y Giacchino, A. [2025]. «La ciencia en postales: el Museo de La Plata y su iconografía impresa». Azara, 14:61-71.
Bogan, S., Girelli, F., y Giacchino, A. [2026]. «Franz Geser y las tarjetas postales del Museo de La Plata y el Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”, Argentina». En Historia Natural, 16(1), 133–166.
Loeb, M., y Howat, J. [1992]. Catálogo descriptivo de postales argentinas. Roberto Rosauer 1901-1909. Buenos Aires: Editor Marcelo Loeb.
Srur, A. (Ed.). [2024]. H. G. Olds. Espejos de plata = Silver Mirrors. Fundación Centro de Investigación Fotográfico Histórico Argentino [CIFHA].
Staude, M. [2024]. «Archivos en diálogo. Relecturas contemporáneas de fotografías históricas sobre trabajadores y tipos populares». En Iberoamericana. América Latina - España - Portugal, vol. 24, núm. 85, pp. 125-151. VER
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