«El monumento al fraude»: acerca de San Martín, la Virgen del Carmen y el libro que desató la polémica [1911]

Cubierta de la obra «Apuntes históricos [...]», el ejemplar enriquecido por las anotaciones de dos lectores perspicaces.



En la hoja de respeto, el texto manuscrito del historiador Agustín Álvarez [1857-1914] con un firme llamado de atención sobre el contenido.



Y en las páginas impresas, anotaciones posteriores que avanzan en el mismo rumbo de la mirada crítica plasmada al principio del libro por A. Álvarez.



Daniel Schávelzon 


Director del Centro de Arqueología Urbana (UBA), se doctoró en Arquitectura en la Universidad Autónoma de México con la especialidad Arquitectura Prehispánica. Profesor titular de la Universidad de Buenos Aires, ha sido profesor en distintas universidades de América.


Schávelzon fundó el Centro de Arqueología Urbana, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, el área de Arqueología Urbana en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el Área Fundacional en la ciudad de Mendoza. Ex Investigador Superior del CONICET.


Ha publicado unos 50 libros sobre arqueología e historia del arte, y más de trescientos artículos en revistas científicas y de divulgación


Entre otros, ha recibido premios y becas internacionales, como la beca Guggenheim (New York 1994); National Gallery of Art-CASVA (Washington, 1995), Graham Foundation for the Arts de Chicago (1984), Getty Grant Program (1991), Harvard University-Dumbarton Oaks (1996), DAAD Berlín (1988), Center for Latin-American Studies de la University of Pittsburgh (2002), FAMSI, Florida (1995),  y del Centro de Antropología Comparada de la Universidad de Bonn (1998). 


Por Daniel Schávelzon *

El 8 de septiembre de 1911 el Papa Pio X decretó la coronación [1] de la Virgen del Carmen de Mendoza. Para la cristiandad fue un evento importante no sólo porque la virgen estaba unida a la historia regional, sino también porque el general José de San Martín la había tomado como  estandarte. Incluso, y eso es parte de este artículo, le dejó su bastón de mando. Pero ello no era todo, dado que en 1861 se había producido un tremendo terremoto que, entre otras contingencias, derrumbó la iglesia de San Francisco en donde estaba ubicada la imagen y el bastón. No sabemos bien qué sucedió con ambos, pero muy poco después, según los cronistas del evento, la Virgen fue rescatada intacta, lo que se consideró un milagro, y fue puesta a salvo; quizás lo mismo sucedió con el bastón. Desde allí comenzó un derrotero que llevó a la imagen de la Virgen a la nueva iglesia, construida en 1891, en donde continúa. El bastón tuvo una itinerancia diferente.

 

Los historiadores tradicionales de Mendoza hasta entrado el siglo XX, religiosos o personas marcadamente cristianas y conservadoras, centraron sus interpretaciones en la exaltación de esos sucesos, como un auténtico milagro. Y si bien nadie tomó una fotografía de la situación de la imagen y de su recuperación [2], quienes lo describieron fueron hábiles en el uso de las palabras para no dar datos precisos, porque no los había. Sin embargo, resulta inimaginable creer que ambos bienes hayan sido sacados intactos de abajo de los escombros. La caída de una iglesia colonial, la más importante de la época, implica toneladas de escombro que ni siquiera hoy se han terminado de retirar. Y esto lo ha comprobado la arqueología: los objetos que quedaron sepultados lo fueron por cientos de toneladas que resultó en más de un par de metros de altura de sectores de la mampostería, bóvedas y muros a veces de tres metros de ancho. Nadie en ese preciso momento, con o sin ayuda, podía excavar y mover esos bloques que aplastaron todo lo que había por debajo de ellos. Tampoco la historia subsiguiente aclaró, al menos con rigor, si la imagen es la misma o es otra similar de las varias que existían –lo que parecería lo más probable–, ya que no importaba la materialidad sino la significación. Y no es motivo de estas líneas el dilucidar tal misterio.

 

En el nuevo camarín de la Virgen, en 1911 se colocó junto a ella el bastón del general San Martín que le fuera entregado casi un siglo antes y que nadie sabía dónde se encontraba. Esa historia es confusa porque a veces las pasiones son más fuertes que las verdades; sin duda que es muy probable que se trate del original, aunque hoy en día se exigirían pruebas más contundentes que lo que alguien dijo y otro desdijo en los muchos años transcurridos. Es innegable que el general sí entregó su bastón, pero nada prueba que haya sido ese. Lo cierto es que allí fue ubicado, y tal gesto tuvo y tiene un fuerte significado histórico, religioso y político.

 

En ese tiempo y en función de la coronación y la exhibición del bastón, un autor religioso y de jerarquía pero anónimo –lo que resulta muy extraño–, publicó un libro titulado Apuntes históricos sobre la Virgen del Carmen de Cuyo y el convento franciscano de Mendoza. Sin fecha en la portada fue publicado por la Casa Editora Alfa y Omega [estaba ubicada en Callao 573; el libro tiene 191 páginas con ilustraciones], una editorial católica que sigue activa. Abordando un tema tan sentido por la feligresía, resulta al menos extraño que no figure el nombre del autor, ni el año de edición, ni la autorización de la superioridad religiosa, es decir el «Imprimatur», sino una línea en letra ínfima que dice «Con las licencias necesarias». El objeto de la obra era hacer una historia apologética de la imagen de la Virgen y el milagro de su rescate, su papel con el ejército al mando del general José de San Martín y la entrega del bastón, todo resuelto para el evento de la coronación. Era la construcción de una historia que entrelazaba la nacionalidad y la Iglesia, y eso se hizo con la esperanza de que se preservara en el futuro. ¿Quién dudaría estando la Virgen y San Martín en juego? El relato transformado en letra impresa, cerraba, o intentaba hacerlo, toda posible disensión o crítica.

 

Sin embargo algo aconteció. Un historiador liberal, mendocino también, Agustín Álvarez [1857-1914], puso todo aquello en duda. No discutía la importancia de la Virgen –era católico-, ni la donación del bastón del Libertador –los documentos son auténticos–, sino el que esa imagen y ese bastón fueran los originales. La polémica la centraba en la autenticidad de lo que el libro afirmaba, en el manejo de los documentos, y de la información claramente sesgada por la mirada religiosa y no académica. La idea era hacer coincidir los datos disponibles con los hechos materiales. Escribió: «Pobre Papa con tantos colaboradores negativos que piensan que sus fieles son idiotas». Así de directo atacó lo que para él se trataba de una brutal manipulación de los datos. Hoy esas notas en el libro son un monumento a la ciencia y la academia, y al plasmarlas en un escrito privado no dudó de insultar y acusar a quien le correspondiera.

 

Seguramente Álvarez habrá imaginado una posterior publicación enriquecida con un texto más extenso y escrito en un tono diplomático, aunque sin escapar a su verdad. Pero murió poco después sin llegar a editar esas ideas; en realidad no pasó de escribir dos hojas. No lo hizo quizás porque no pudo, o porque era un hombre ya mayor que había sido general, abogado, diputado y escritor, católico fuertemente liberal, y decir todo eso era enfrentarse a la sociedad mendocina, al ejército y a la curia en pleno, no era una tarea sencilla. Lo concreto es que en un ejemplar del anónimo libro escribió sus opiniones iniciando su juicio crítico con una frase lapidaria: «Este trabajo es un monumento al fraude».

 

Por suerte la historia no terminó ahí: alguien encontró ese libro anotado y siguió con las ideas plasmadas en las primeras páginas. Desconocemos quién fue, pero en lugar de escribir con una pluma lo hizo con un bolígrafo, lo que nos sitúa en un tiempo posterior a 1934. Si bien ese  instrumento de escritura fue inventado en 1888 por John J. Loud, la difusión se produjo con los conocidos hermanos Biro que le pusieron una tinta hecha con una composición química especial que permitió su uso masivo.

 

Una concatenación de hechos aislados ha provocado que aquel ejemplar intervenido por dos intelectuales críticos llegara a la casa de Subastas Hilario. En mi caso, siempre interesado por la historia del terremoto en Mendoza y sus ruinas [3], me atrapó esta joya bibliográfica y sus notas manuscritas que sorprenden en su interior. Su contenido forma parte de la saga sanmartiniana, de la religión católica y del pasado trágico y glorioso de aquella provincia. Se trata de un documento de interés para todos los argentinos como ejemplo del uso del pasado y de sus símbolos.

 

Notas:

1] Aquel día, la imagen de la Virgen recibió una corona de oro por orden del Papa Pío X; desde aquel acontecimiento, cada 8 de septiembre se celebra su fiesta patronal.

2] Se sabe que Adolfo Alexander, el daguerrotipista, había instalado su estudio de fotografía en esta ciudad, pero antes del sismo, se alejó de Mendoza. Incluso, se encuentra desaparecido su relevamiento previo, un conjunto de fotografías realizadas entre 1858 y 1860, pero esa es otra historia que aún hoy desvela a su tataranieto, el historiador y colaborador de Hilario, Abel Alexander.

3] Daniel Schavelzon, Historia de un terremoto: Mendoza, 1861. Buenos Aires. Editorial Los Cuatro Vientos. 2007, accesible en Internet. 


* Especial para Hilario. Artes Letras Oficios


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