La tradición oral de mi familia materna, transmitida y enriquecida a lo largo de varias generaciones, me ha permitido conocer numerosas anécdotas de la vida en el siglo XIX en el departamento uruguayo de Maldonado, algunas de ellas, incluso, del tiempo de las Invasiones Inglesas. Por ese mismo camino he recibido fotos, documentos y pequeños objetos que han logrado dar vida material a esas historias. Y entre tantas historias y anécdotas siempre resultaron de mi mayor interés las referidas a uno de mis tatarabuelos, Domingo Márquez, al que se lo mencionaba como daguerrotipista, aunque los cuentos me llevaban también a conocer sus otras facetas, tanto de platero como de dentista e inventor.
Pero eran sus daguerrotipos y ambrotipos los objetos que más curiosidad me despertaban, siendo ellos los que me motivan hoy a escribir estas líneas con el propósito de aportar elementos que considero novedosos para el conocimiento de la historia de la fotografía en el Este de Uruguay. Por supuesto que no me animaría a decir con total certeza que Domingo Márquez haya sido el primer fotógrafo con actuación en Maldonado, lo cual entiendo que sería arriesgado, pues siempre cabe la posibilidad de que salgan a luz documentos o archivos familiares que aporten nueva información sobre el tema. Pero, a la espera de esos descubrimientos, se puede afirmar que, al día de hoy, el material fotográfico que aquí se presenta es el más antiguo de ese departamento.
Hijo del canario Domingo Rodríguez Márquez y de Josefa Huertas [1], natural de San Carlos en Maldonado, Domingo Miguel Márquez Huertas nació en Montevideo [2] el 8 de mayo de 1815. Sus padres contrajeron matrimonio [3] cuatro años más tarde, también en Montevideo, el 7 de enero de 1819, pero trasladaron su residencia a San Fernando de Maldonado poco después, tal como lo atestigua el nacimiento y bautismo [4] en octubre de ese mismo año de su hija Irene. En cuanto a Domingo Miguel Márquez, la primera mención que he encontrado en los archivos de Maldonado es del padrón de 1836, en donde figura como soltero, de profesión platero y residiendo junto a sus padres. El 12 de setiembre de aquel año contrajo matrimonio en Maldonado con Dorotea Valdés Martínez [Maldonado, 1820 – Montevideo, 1910], hermana de Juan Venancio Valdés, quien, con el grado de coronel, tuvo destacada actuación en el departamento de Tacuarembó durante la Guerra Grande [1839-1852], sirviendo al general Manuel Oribe, jefe de los blancos.
Pese a esta vinculación familiar con los partidarios de Oribe, Domingo Márquez se identificaba con la facción antagónica -la de los colorados- y por ese motivo y por el hecho de que los blancos controlaban la mayor parte del territorio uruguayo, incluido Maldonado, así como por la falta de seguridad en la zona, consideró seguro refugiarse junto a su familia en la ciudad brasileña de Pelotas, en Río Grande do Sul, residiendo allí hasta el final de la contienda.
Es de ese período, precisamente, la fotografía más antigua que conservo de la familia de Domingo Márquez, tomada con toda seguridad en torno al año 1850, lo cual no es arbitrario, ya que en ella aparecen retratadas, aún niñas, sus hijas Adela [1838-1906], de aspecto preadolescente en la imagen, y Teófila [1840-1895]. Si bien el soporte es papel, pegado sobre una cartulina en formato «carte de visite», se trata en verdad de una copia fotográfica hecha años más tarde del daguerrotipo original. Dónde fue tomado, si en Brasil o Uruguay, es algo que desconozco, pero todo apunta a que su autor fue el propio Domingo Márquez.
De regreso a Maldonado, se sabe que entró de lleno en la vida pública, como lo prueba el hecho de que en 1854 y 1855 fuera electo alcalde Ordinario y que en 1865 fuese designado capitán del Puerto.
De su trabajo como daguerrotipista el propio Márquez dejó testimonio en carta que el 2 de mayo de 1857 dirigiera desde Maldonado a su hermana Benjamina, residente en Montevideo: «De retratos vamos así así, y por la demora del parto de Dorotea, que lo creía no pasase de abril, me veo aún en San Carlos sin poder pasar a Rocha [5] donde ya me esperan muchas familias».
Son pocos los daguerrotipos tomados por Domingo Márquez que han logrado sobrevivir a estos 170 años y prácticamente ninguno de ellos se ha conservado en buenas condiciones. No obstante, entiendo que su valor histórico es motivo más que suficiente como para darlos a conocer. Por eso, procedí a escanearlos y luego a editarlos digitalmente con la ayuda de un procesador de imágenes, aunque limitándome estrictamente a eliminar los daños más evidentes, así como a devolverles algo del contraste perdido y a saturar un poco los colores ya algo desvanecidos en aquellos casos en que estaban coloreados a mano.
El siguiente daguerrotipo, cuyo original es en un sexto de placa [8 x 7 cm] [6] de Scovill Manufacturing Company, tiene la especial característica de no haber sido tomado en el ambiente controlado de un estudio, como era habitual entonces, sino al aire libre, siendo quizás el primer registro de este tipo en Maldonado. Con toda seguridad fue tomado en el jardín de la casa del propio Domingo Márquez, conclusión a la que llego por lo complejo que era trasladar al exterior un equipo “de hacer retratos” y además por el aspecto relajado y cotidiano de la escena, que incluye hasta un perro.
Adela Márquez Valdés casó en Maldonado [7] el 25 de noviembre de 1856 con su primo hermano Lauro Dionisio Pintos Valdés [Maldonado, 1831-1872], a quien Domingo Márquez, su suegro, tomó varios daguerrotipos. Los que se presentan a continuación, en sexto de placa y coloreados a mano, son de una misma sesión fotográfica. Lamentablemente no tienen indicación alguna de cuando fueron tomados, aunque no es descabellado suponer que sean de una fecha cercana a la de su casamiento con la hija de Domingo Márquez, ya que en los daguerrotipos y fotografías tomadas pocos años más tarde, Lauro Pintos presenta un claro desmejoramiento de aspecto, debido quizás al deterioro de su salud. Estos dos daguerrotipos difieren entre sí tan solo por la posición de la mano izquierda de Lauro Pintos. Hay que tener en cuenta que las imágenes de los daguerrotipos son como las de los espejos; es decir, están invertidas horizontalmente, lo cual he corregido en estas copias editadas a los efectos de destacar la banda bordada que se encuentra junto al brazo derecho de Pintos, pues en ella se pueden ver las iniciales L. P., por su nombre y apellido.
La fotografía de niños fallecidos, que hoy nos puede parecer tétrica y de mal gusto, era una práctica común y aceptada socialmente en la segunda mitad del siglo XIX. No hay que olvidar la alta mortandad infantil de entonces, agravada por las varias epidemias que azotaron a nuestro país, como fueron la de la fiebre amarilla [1857 y 1870] y la del cólera [1866 a 1868]. El largo tiempo de exposición en los daguerrotipos hacían muy resultaba difícil la toma de imágenes de niños que no sabían lo que era quedarse quietos. Por eso era habitual que al fallecer un niño de corta edad no hubiese imagen alguna que permitiese continuar con su recuerdo, lo cual llevó a la práctica de la fotografía post mortem, perfeccionada al extremo de que en ocasiones resultaba difícil darse cuenta de si se trataba de un cadáver o de una persona viva. Los tres niños aquí presentados eran bien conocidos de Domingo Márquez, pues se trataba de nietos suyos. En el caso del primero, fallecido en 1858, se usó un daguerrotipo, mientras que, con los otros dos, fallecidos en 1863, se empleó la técnica del ambrotipo, que no registraba la imagen en una placa metálica sino en una de cristal, similar a un negativo y que se veía como positivo al ser apoyada sobre un objeto oscuro, que en los estuches generalmente era un trozo de paño. El daguerrotipo es de sexto de placa, mientras que los dos ambrotipos son de cuarto de placa, notándose claramente que estos últimos fueron coloreados a mano.
Daguerrotipo de un niño fallecido, nieto del autor de la imagen, fechada el 16 de febrero de 1863.
Entre los daguerrotipos tomados por Domingo Márquez que han sobrevivido se encuentra el curioso caso de este conjunto de siete retratos sin identificar, hechos en sexto de placa. Se han conservado envueltos en una hoja de papel de estraza con ocho pliegues, numerados estos del I al VIII en números romanos, pero no así los daguerrotipos, así que el paso del tiempo y las varias veces que estas placas han sido retiradas y vueltas a guardar impiden saber a cuál de ellas correspondía cada número. Más decepcionante aún es que no se conserve la lista con los nombres de los retratados, que originalmente fueron ocho, pero que de los cuales solo se conservan siete daguerrotipos. En todo caso, el paquete tiene una inscripción en lápiz: “1863 Maldonado”. Así que, al menos, tenemos una pequeña galería fotográfica de algunos miembros, hoy anónimos, de la sociedad fernandina de 1863. Desconozco el motivo por el cual Márquez no entregó estos retratos a sus clientes, aunque es posible que hayan sido descartados por presentar las placas algún daño, hoy simulados por los otros que ha agregado el paso del tiempo. En ese sentido, se puede observar que en la falda de la chica retratada en el daguerrotipo que está a la derecha de la segunda fila hay una clara huella digital, quizás por haber sido manipulado mientras la placa aún estaba húmeda.
Si bien las imágenes de los daguerrotipos podían ser de gran calidad, tenían el inconveniente de ser piezas únicas, imposible de reproducirse. Por eso, cuando apareció la fotografía en papel, surgió el interés de hacer copias de los viejos daguerrotipos. El procedimiento no era sencillo, ya que, teniendo una superficie espejada, los daguerrotipos reflejaban la luz ambiente y también la imagen de la máquina fotográfica utilizada. La solución consistió, básicamente, en iluminar el daguerrotipo con una luz lateral y en ocultar el aparato fotográfico con un paño negro opaco.
Ya vimos un ejemplo de este tipo de copias en el daguerrotipo referido anteriormente de las hermanas Teófila y Adela Márquez Valdés, tomado hacia 1850. En ese caso el daguerrotipo original ya no existe, pero sí tenemos la suerte de conservar otro, de cuarto de placa (8 x 11 cm), tomado a Lauro Pintos Valdés en mayo de 1867, así como una copia en papel que se hizo a partir del mismo.
Este retrato de Lauro Pintos, así como el conjunto anónimo de 1863, seguramente se encuentren entre los últimos testimonios del uso del daguerrotipo en Maldonado, técnica que iba dejando paso a la más práctica de la fotografía en papel [9].
Al igual que otros daguerrotipistas, Domingo Márquez fue también platero y dentista, algo que no debe resultar extraño, pues eran actividades que implicaban el conocimiento teórico y práctico del trabajo en metales cuyo uso era común a las mismas. De su arte en el metal conservo dos palmatorias en bronce, hoy sin su asa, de las tres que se señalaban en el inventario levantado en 1879 en su expediente sucesorio [9].
En cuanto a su actividad como dentista, da cuenta la posdata en la carta que Márquez dirigiera el 7 de setiembre de 1857 a su cuñado Cristóbal Brito, casado con Benjamina Márquez: “Nota a Benjamina que deseo me diga algo de la señora de Madera, que quedó conmigo de entregarle tres onzas por los dientes de su hermana”.
La siguiente anécdota es bastante ilustrativa respecto a la curiosidad de Márquez por las cosas nuevas. Luego de haberse enterado de la existencia del velocípedo, antecesor de la bicicleta actual, tuvo oportunidad de verlo por primera vez en el pequeño dibujo que lo representaba en una caja de fósforos. Lejos de ser un obstáculo, supo extraer las conclusiones apropiadas y al poco tiempo el primero de estos rodados circulaba por las calles de Maldonado. Como en todo pueblo, los rumores estaban a la orden del día y no tardó en llegar a oídos de la asustada Misia Dorotea Valdés la escandalosa noticia de que sus dos niñas, Adela y Teófila Márquez, habían sido vistas andando en tan temerario vehículo por las dunas de Las Delicias, adjudicándole al novel invento cualidades dignas de un dromedario. Verdad o leyenda, o ambas cosas al mismo tiempo, lo cierto es que en el referido inventario de 1879 se incluye “un velocípedo roto”, tasado en ocho pesos.
Domingo Miguel Márquez Huertas falleció en Maldonado [10] el 8 de abril de 1873, a los 57 años. El diario El Ferrocarril de Montevideo, en su edición del 25 de abril, publicó una necrológica de la pluma de Elías L. Devincenzi, en la cual, entre otros conceptos, expresaba: “Para él no existía descubrimiento o invención alguna que no examinara en el terreno teórico primero, y después en el de la práctica. Sus constantes desvelos era el de saberlo todo, el de poseerlo todo. Por eso es que su habitación era un taller de artista. Nosotros, los que hemos sido testigos de sus inventos (…), los que conocíamos su elevado talento artístico, bien podemos decir que Domingo Márquez en otro país que no fuese el nuestro, hubiese sobresalido y honrado altamente la carrera de las artes”.
Notas:
1] Viuda de Andrés Saavedra Prego, sargento del cuerpo de Blandengues con asiento en Maldonado.
2] Iglesia Matriz de Montevideo, bautismos, libro 14, folio 155.
3] Ibidem, matrimonios, libro 6, folio 229.
4] Nacida el 20 de octubre de 1819 y bautizada al día siguiente en la iglesia parroquial de Maldonado, hoy Catedral de San Fernando de Maldonado [libro 5, folio 63]. La advocación a San Fernando es, precisamente, el origen del término «fernandino” con el que se identifican los nacidos en esa ciudad.
5] Si bien ambas ciudades pertenecían al departamento de Maldonado, Rocha es actualmente la capital del departamento del mismo nombre, creado en 1880 como segregación de Maldonado.
6] La imagen, tal como la presento aquí, no guarda esas proporciones, debido a que recorté su parte inferior, carente de interés por ser solo del piso de tierra.
7 Catedral de San Fernando de Maldonado, matrimonios, libro 5, folio 54 vto.
8] Sobre el daguerrotipo y su ciclo en Uruguay, véase Esc. Juan Antonio Varese, Los comienzos de la fotografía en Uruguay. El daguerrotipo y su tiempo [Ediciones de la Banda Oriental S.R.L., Montevideo, 2013], principal obra de referencia sobre este tema. Del mismo autor y especto a la historia de la fotografía en el departamento de Maldonado debe consultarse el tomo 4 de su «Fotografías y fotógrafos en Uruguay 1870-1930. Arte y parte de los antiguos fotógrafos», Ediciones Torre del Vigía, Montevideo, 2023.
9] Archivo General de la Nación de Uruguay, Sección Judicial, Sucesión de Domingo Márquez, expediente iniciado el 15 de abril de 1879 ante el Juzgado Letrado Departamental de Maldonado y archivado en 1911 en el legajo K, Nº 208, folio 11. El inventario es del 25 de abril de 1879.
10] Catedral de San Fernando de Maldonado, defunciones, libro 5.
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