Carlo Ginzburg, in memoriam

Carlo Ginzburg. Fotografía: © Claude Truong-Ngoc / Wikimedia Commons 



Piero della Francesca, Flagelación de Cristo, 1468-1470. Galleria Nazionale delle Marche, Urbino, Italia. Una de las obras maestras estudiadas por Carlo Ginzburg.



Su primer libro, Indagini su Piero. Publicado por Einaudi, Torino, en 1981. En la imagen de la cubierta, un detalle de La flagelación de Cristo, de Piero della Francesca.



Una historia sin final, editado por Ampersand, recoge una serie de ensayos escogidos por Carlo Ginzburg dentro de su producción de los últimos años. Además, el volumen destaca la relación especial que el autor estableció con Buenos Aires, ya que el conjunto va antecedido por el texto leído en ocasión de la entrega del Doctorado Honoris Causa de la UBA a Ginzburg en octubre de 2023.



José Emilio Burucúa


Historiador del arte, profesor en la Universidad Nacional de San Martín.


Por José Emilio Burucua *

Carlo Ginzburg nació en Turín el 15 de abril de 1939, hijo de dos intelectuales italianos, Leone Ginzburg y Natalia Levi; el primero, profesor de literatura rusa y literaturas eslavas en la Universidad de Turín, fundador de la editorial Einaudi junto a Giulio Einaudi, miembro de la sección italiana del movimiento antifascista internacional Giustizia e Libertà, organizado por Carlo Rosselli en París en 1929. Leone se negó a prestar el juramento de fidelidad al régimen en 1934 y fue expulsado de la universidad. En 1940, él y su familia fueron deportados a Pizzoli, en los Abruzos. Allí permanecieron hasta 1943. Leone regresó a Roma después del 8 de septiembre y allí permaneció durante la ocupación alemana hasta que fue arrestado, torturado y asesinado por los nazis en febrero de 1944.

 

Natalia Levi-Ginzburg fue una de las más grandes novelistas y ensayistas italianas de la segunda mitad del siglo XX. Quien ha leído su libro de recuerdos Léxico familiar, el relato en forma epistolar de Querido Miguel, las historias de Sagitario o Las voces de la noche, su alegato de 1988 para mantener colgado el crucifijo en las escuelas primarias de Italia, los ensayos y el poema «No podemos saberlo», no podrá dejar de sentir el poder emocional y regenerador de la literatura. He dado estos detalles porque los episodios de Pizzoli, la muerte de su padre Leone, la devoción de Natalia hacia sus hijos en tiempos de grandes tribulaciones han marcado a fuego la vida de nuestro Carlo Ginzburg, alimentaron su inteligencia, fortalecieron su carácter, inspiraron sus temas y los impregnaron de aquel sentimiento de Justicia y Libertad por el que combatió Leone.

 

Carlo estudió en la Universidad de Pisa, luego en la Escuela Normal de la misma ciudad y, por fin, en el Instituto Warburg de Londres. En 1976, comenzó su carrera académica como profesor de Historia Moderna en la Universidad de Bolonia, enseñó luego en Harvard, Yale y Princeton y, en 1988, fue nombrado profesor en la Universidad de California, Los Ángeles hasta que, de 2006 a 2010, pasó a enseñar en la Escuela Normal de donde había salido. Es muy larga la lista de homenajes, premios y doctorados honoris causa que el profesor Ginzburg ha recibido. Entre sus premios, quisiera recordar el Balzan para la Historia de Europa (1400-1700), otorgado en 2010 por la presidencia de la República Italiana y el Hemingway 2023, promovido por el comune de Lignano Sabbiadoro en Friuli-Venezia Giulia, compartido con la escritora belga Amélie Nothomb, el fotógrafo italiano Marco Zanta y la abogada iraní Shirin Ebadi, Nobel de 2003. Si Ebadi fue galardonada como «Testigo de nuestro tiempo», Ginzburg lo fue por personificar la «Aventura del pensamiento». Transcribir los fundamentos de este premio me permite pasar a los temas específicos, a los aportes extraordinarios que Carlo hizo a la historiografía mundial y a la teoría del conocimiento en el campo de las ciencias sociales:

 

«[...] por haber reconstruido a través de múltiples ensayos el imaginario y la cotidianidad de períodos históricos íntegros partiendo de microcosmos bien definidos, que en algunos casos consideran incluso al Friuli Venezia Giulia, y rastreando las voces de quienes habitualmente carecen de voz. Es entonces extraordinaria su exploración, conducida con rara inteligencia y gran magisterio ético, de las relaciones entre verdad histórica, ficción y mentira, consciente de que distinguir lo verdadero, en el constante entrelazamiento de imaginación y realidad al que estamos sometidos, es fruto de un camino del conocimiento que define no solamente el trabajo del historiador, sino que constituye también la trama de nuestro estar en el mundo.»

        

Aquí aparecen dos puntos de partida para encarar el recorrido historiográfico de nuestro estudioso, forzosamente parcial y escueto dada la inmensidad de la obra de Carlo Ginzburg, pero se trata de dos pilares que el público y buena parte de los historiadores actuales consideramos fundamentales:

 

1] La creación del género de la microhistoria, junto a Edoardo Grendi y Giovanni Levi.

 

2] La reformulación del método indiciario, cuyos orígenes se remontan al tiempo de los cazadores, rastreadores y parteras, que los médicos semiólogos del siglo XIX sistematizaron a partir de Laennec y Carlo ha proyectado y adaptado al trabajo histórico.


Carlo Ginzburg en su estudio. 


La micro-historia


La que podríamos llamar organización canónica de un trabajo de micro-historia parte de las nociones emic-etic propuestas por el lingüista Kenneth Pike: relato minucioso de los hechos, clasificación del fenómeno de acuerdo con las pequeñas categorías propias del momento y del lugar de lo acontecido [perspectiva emic, la propia de los sujetos del pasado], examen de sus antecedentes y causas [perspectiva etic, la de los investigadores] que nos conducen, paso a paso, a la temporalidad propia de las estructuras económicas, sociales y culturales durante dos o tres generaciones humanas y, por fin, a la larga duración de siglos y edades. 


El typus de la microhistoria por antonomasia es El queso y los gusanos, libro publicado por Ginzburg en 1976, desarrollo analítico de una historia individual y contextualizado en múltiples dimensiones [la social- económica del campesinado en el norte de Italia, la religiosa de los disidentes y herejes italianos bien conocida merced a los trabajos de Cantimori y Prosperi, la cultural de la presencia del libro y sus lecturas en los medios rurales, la arqueológica de las creencias ancestrales, la imaginaria de las sociedades posibles o las utopías]. Se trata de dos episodios conmovedores en la vida de Domenico Scandella, llamado Menocchio, molinero friulano de la segunda mitad del siglo XVI, uno de los hallazgos de archivo más espectaculares ocurridos en el siglo XX. Era imposible que los habitantes de Montereale no conocieran a Menocchio, a cuyo molino debían de acudir todos para obtener la harina de los cereales cosechados. Y Menocchio aprovechaba para interrogar a sus parroquianos y hablar él mismo hasta por los codos sobre el cultivo y la propiedad de la tierra, sobre las relaciones entre señores y agricultores, los nuevos mundos reales que narraban los forasteros y los fantásticos conocidos por débiles y poderosos, desde las seculares invenciones sobre Cucaña hasta las que transmitían libros como Los viajes de Juan de Mandeville o Los mundos de Anton Francesco Doni: teorías acerca de la existencia de la Tierra, la creación divina y la organización de las sociedades. 


Menocchio no solo sabía leer, sino que también poseía una biblioteca pequeña, tal vez muy pequeña para nuestros estándares de los siglos XIX y XX, más no, en absoluto, para lo que era frecuente incluso entre burgueses acomodados del siglo XVI. Sus títulos eran asombrosos en casa de un campesino: una Biblia en lengua vulgar, un Florilegio de la Biblia, un Rosario de la Madonna, una versión italiana de la Leyenda dorada, un Mandeville, un ejemplar del Sueño del Caravia, las crónicas del ermitaño bergamasco Jacopo Foresti, un Lunario astrológico, un Decamerón y, quizás, la traducción italiana del Corán, publicada en 1547 en Venecia. Al parecer, muchos de sus conocidos del pueblo lo denunciaron por lo que consideraron ideas extravagantes y herejes. Los inquisidores capturaron los libros de su casa y sometieron a largos interrogatorios a Menocchio quien no puso freno alguno a su locuacidad, se explayó sobre una suerte de monismo de autocreación divina a partir del caos, vieja creencia del pensamiento campesino, y pronunció entonces la frase de la que sale el título del libro de Ginzburg:

 

«De la más perfecta sustancia del mundo los ángeles fueron producidos por la natura, a semejanza de un queso en el que se producen gusanos, pero al crearse reciben de Dios que los bendice la voluntad, el intelecto y la memoria».

 

Menocchio se arrepintió, abjuró de su cosmogonía y fue condenado a penas rigurosas de silencio y portación de hábitos estigmatizantes. Salvó su vida por algún tiempo. El molinero no pudo con su genio y volvió a su verborrea teológico-filosófica. Hubo un segundo juicio, con tortura y una condena a muerte. Quiso la casualidad que el fin de Menocchio estuviera muy cerca del fin del juicio y la ejecución de otro monista, bastante más encumbrado que el molinero, el dominico y hereje Giordano Bruno quemado en Roma en febrero de 1600. El horizonte de la teología y del alto pensamiento tuvo un punto de encuentro insólito con el horizonte del raciocinio y de la libre creencia de los campesinos en la Italia de finales del siglo XVI. La microhistoria de un episodio algo bizarro y finalmente trágico en el que un personaje de la history from below [hoy quizás hablaríamos de subaltern studies al seguir los pasos de Antonio Gramsci y Ranajit  Guha] es casi un alter ego del filósofo Giordano Bruno, aquel héroe del pensamiento libre más alto y audaz para nuestros casi inmediatos antepasados de los años 1880-1940 [pienso en Rodolfo Mondolfo], nos ha unido a la historia grande de la filosofía europea. Se cumple así el iter de la microhistoria italiana.

 

El método indiciario


No es extraño que Ginzburg haya coronado este período de su trabajo con la propuesta de un paradigma para las ciencias del hombre, para el ejercicio de la ratio en la historia. En un conjunto de ensayos reunidos por Aldo Gargani en 1979, La crisis de la razón. Nuevos modelos en la relación entre saber y actividad humana, nuestro autor presentó un esbozo de sus ideas al respecto. Partió de una búsqueda que abrazó los métodos aparentemente alejados del experto en atribuciones artísticas [Morelli], de la novela policial [Conan Doyle] y del psicoanálisis [Freud]; demostró así la fertilidad de un estudio de lo singular, basado en los indicios diminutos que las abstracciones sucesivas de una ratio galileana desecharon. Lo paradójico es que el Estado moderno parecería haber aprehendido, antes de las ciencias sociales, las posibilidades del método de las señales pequeñas e involuntarias, haberlas aprovechado en beneficio de su poder abstracto y totalizante. La consecuencia ha sido la invención de sistemas identificatorios y de mecanismos agobiantes de control o vigilancia sobre las personas. Pero Ginzburg, al sacar a la luz el paradigma indiciario, al revelarnos también su antigüedad y su universalidad [repito, es el paradigma del cazador africano, del baqueano de la pampa, del labrador en el loess, de las matronas y parteras de aldea)], lo ha rescatado para nosotros, los historiadores, y ha hecho de él un instrumento racional que nos permite recuperar los significados, las relaciones múltiples del obrar y del soñar con las que los individuos en sociedad buscaron construir sus vidas.

 

Lo dicho hasta aquí alcanza suficientemente para aceptar la verdad de la perspectiva según la cual microhistoria y método indiciario son dos elementos importantísimos que bastarían para colocar a Carlo Ginzburg en el panteón de los historiadores más grandes de nuestra época, pero esta perspectiva es clara y enormemente insuficiente,

 

Me limitaré a marcar los campos en los cuales Ginzburg ha dejado su sello y marcado puntos de inflexión equivalentes o más densos de sentido a los hasta ahora considerados:


1) La historia del arte y de la literatura, en el marco de la microhistoria y más allá de ella.


2) Una prefiguración sabia y tal vez no buscada de la global history.


3) La historia de los temas filosóficos y teológicos que han sido el bajo continuo de la reflexión de Occidente, también desenvuelta en el ámbito de la microhistoria y por fuera de él. Me refiero a la concatenación de lecturas y apropiaciones de un pasaje denso y significativo o varios pasajes conexos de teorías seculares y religiosas, formulados en principio por espíritus singulares sobre asuntos básicos de la cultura.


Me detendré sólo en el primero  pues resulta el que más ha de interesar a los lectores de Hilario.

 

La historia del arte y de la literatura, en el marco de la microhistoria y más allá de ella. 


No exagero cuando digo que es posible considerar nuestras ideas acerca de las relaciones entre centros y periferias artísticas en general, especialmente en América Latina, como extrapolaciones del cuadro presentado por Enrico Castelnuovo y Carlo Ginzburg cuando se ocuparon de los lazos de las artes entre Florencia, Venecia y Roma durante el Renacimiento y sus periferias italianas, un trabajo que ambos estudiosos realizaron para el volumen de las cuestiones y métodos de la Historia del arte italiano, editado por Einaudi en 1979. Aquellas dos disciplinas conexas a la nuestra, ocupadas en el devenir del arte y de las letras, no serían hoy lo que son sin el aporte de este historiador, por mucho que Carlo haya querido limitar su intervención, digamos por caso, en el campo de las artes figurativas desde el comienzo mismo de su Pesquisa sobre Piero de 1981, cuando escribió:

 

«De los aspectos propiamente formales de estas pinturas no hablo porque carezco de la competencia necesaria [soy un estudioso de historia, no de la historia del arte]. Se trata de una limitación grave.»  

        

Comprendo las precauciones de Ginzburg al tener que habérselas con una figura inmensa de la historiografía del arte como fue Roberto Longhi, pero de inmediato, consecuencia de los hallazgos iconográficos presentados en el estudio sobre La flagelación pintada por Piero della Francesca, debemos colocar a nuestro autor en la constelación de historiadores herederos de Warburg y muy próximos a Ernst Gombrich, sobre todo, el Gombrich más cabalmente historiador del volumen sobre las Icones symbolicae. Recordemos que, en el año 1966, en Studi medievali, Carlo publicó «De Aby Warburg a Ernst Gombrich. Notas sobre un problema de método», un ensayo que todavía hoy, a pesar de la montaña de trabajos que ha producido la resurrección de la figura de Aby Warburg, no solo es algo necesario sino también refrescante. De todos modos, casi no hubo libro desde la publicación de la Pesquisa sobre Piero que no haya tenido sus capítulos dedicados a la pintura, al grabado o a la escultura, varios de ellos convertidos en clásicos de la historiografía artística, por ejemplo:

 

- Lo alto y lo bajo, sobre el tema del conocimiento prohibido en los emblemas del siglo XVI al XVII, más las poesías ilustradas de Tiziano y sus grabados para ejemplares de las Metamorfosis de Ovidio en el siglo XVI, en el famoso libro Mitos, emblemas, indicios. Morfología e Historia.

 

- Los tres ensayos contenidos en Ojazos de madera de 1998, el referido a los orígenes de las imágenes de culto cristiano en la mostración de apariciones de la literatura profética hebrea; el que concierne a la distinción de Orígenes entre ídolo e imagen, un pasaje del cual se desprendió finalmente el iconismo cristiano; el que se ocupa de la historia del concepto de estilo entre Cicerón, Castiglione y Vasari, por un lado, y Simone Weil, Theodor Adorno y Roberto Longhi por el otro, un texto que podría servir de modelo de la Historia Conceptual aplicada a la estética.

 

- En el último capítulo de Relaciones de fuerza. Historia, retórica, prueba, publicado por Ginzburg en 2001, el acercamiento radicalmente nuevo de los orígenes del cubismo al exotismo alimentado por la antropología de comienzos del siglo XX y la vinculación del Picasso de la misma época con el trabajo de Aby Warburg alrededor de las Pathosformel. La categoría de las «fórmulas patéticas» ha dado pie a una búsqueda de sus fuentes conceptuales en relación con la lectura que Warburg hizo de las teorías del lingüística alemán Hermann Osthoff sobre los caracteres primitivos del superlativo en el lenguaje, a lo que hay que agregar el entusiasmo del historiador del arte por el libro de Charles Darwin, La expresión de las emociones en el ser humano y en los animales. Carlo distinguió, asimismo, en el empleo de aquella herramienta metodológica, un agregado de Gertrud Bing que habría introducido en la Pathosformel una componente «acronológica», es decir no histórica, ajena a la concepción del propio Warburg. Este ensayo acerca del concepto warburguiano por excelencia, «Las tijeras de Warburg», fue publicado en 2013, en la colectánea de artículos Tre figure, sobre las figuras de Aquiles, Meleagro y Cristo muertos, en la que participaron además María Luisa Catoni, Luca Giuliani y Salvatore Settis. Allí, Carlo ajustó con gran moderación algunas clavijas que me hubiese gustado ajustar a mí:

 

«La empresa de Mnemosyne sigue siendo difícilmente descifrable, a pesar del intento fatuo y complaciente, de domesticarla reconduciéndola a las modas corrientes. Pero las modas pasan. La obra de Warburg sobrevivirá incluso a las modas.»

 

Entre 2013 y 2015, Ginzburg publicó Miedo, reverencia, terror. Cinco ensayos de iconografía política, consagrado a descifrar los sentidos de un relieve sobre la humanidad aparentemente salvaje con la que los europeos se pusieron en contacto a partir de sus navegaciones ultramarinas, también los significados políticos de la portada del Leviathan de Hobbes, del retrato impresionante de Marat asesinado en la bañera, de los posters del llamado al alistamiento en la guerra del 14-18 y en la Revolución rusa, y, por último, una lectura nueva del Guernica de Picasso. Pocos libros más que este merecen formar parte de una constelación en la que se incluya El renacimiento del paganismo antiguo de Warburg, los Estudios sobre iconología de Panofsky, los Misterios paganos del Renacimiento de Edgar Wind y las Icones Symbolicae de Gombrich. Creo haber demostrado que nuestro Carlo es uno de los historiadores del arte de mayor peso en la actualidad.

 

Y respecto de la historia de la literatura, me alcanzará mencionar dos cosas. La primera es el ensayo inicial de Ojazos de madera sobre el devenir del «extrañamiento» de Marco Aurelio a Marcel Proust, el recurso literario que identificó el formalista ruso Viktor Shklovski, destinado a reavivar nuestras percepciones, apagadas como consecuencia de la reiteración de nuestros hábitos. La segunda se refiere a las «cuatro miradas a la literatura inglesa desde una perspectiva mundial», cuatro Panizzi Lectures - serie de charlas anuales sobre la historia del libro y la bibliografía que se celebran en la British Library de Londres - publicadas bajo el título de Ninguna isla es una isla en 2000, que entretejen: a) la Utopía de Moro con el humanismo europeo contemporáneo y la literatura española de viajes del siglo XVI; b) los debates de época isabelina alrededor de la excelencia de la poesía en lengua inglesa, con la tradición latina y el coronamiento de la apología del modo inglés de poetizar en la Defensa de la rima, libro de Samuel Daniel publicado en 1603; c) los experimentos narrativos de Lawrence Sterne en Tristram Shandy y el empirismo filosófico del siglo XVII; d) la lectura del último Stevenson, seguramente el de las cartas, probablemente el del Diablo en la botella, hecha por el antropólogo Bronislaw Malinowski, que podría haber inducido en la imaginación científica del investigador polaco nada menos que la idea del kula, la fantasmal institución de intercambio de cosas de gran valor para los involucrados en la transacción pero carentes de cualquier utilidad. La sombra de Borges se proyecta en estos cuatro estudios sobre la red interminable de referencias de un texto a otro y a otro en el horizonte de la literatura, convertida en experiencia radical de la realidad.

 

En suma, yo diría que la principal enseñanza de Ginzburg para los historiadores tiene una raíz dantesca. Podría resumirse en el verso 100 del canto XXVI del Infierno: «misi me per l’alto mare aperto», una frase que Dante puso en boca de Ulises en el momento de contar la historia de su último viaje hacia lo desconocido. Algunos dantistas han vinculado el episodio con el tema del sapere non aude. No olvidemos que un trabajo de Carlo ha tratado la cuestión del conocimiento prohibido y los emblemas. Quizá sea pertinente preguntarse entonces si acaso la culpa de Ulises ha dejado de ser la del fraude del caballo en Troya, para deslizarse hacia la del orgullo de atreverse a saber. Borges ha creído que así era, en efecto, pero agregó al propio Dante como un alter-ego de Ulises, quien se atrevió a componer su poema como testimonio de su viaje y de la verdad del castigo, el arrepentimiento y la gloria en el mundo de los muertos. Mediante el ejemplo de su obra Carlo Ginzburg nos insta a meternos en el mar abierto del pasado, en sus peligros y también sus ocasiones para el heroísmo, al esforzarnos para hacer de la historia como reflexión una prueba de que la historia como acción no ha sido el cuento contado por el loco ni la pesadilla de la que no despertamos.


Bibliografía de Carlo Ginzburg

 

∙∙ [1981]. Indagini su Piero, Turín, Einaudi [trad. esp.: Pesquisa sobre Piero, Buenos Aires, Muchnik

Editores, 1984].

∙∙ [1996], Jean Fouquet. Ritratto del buffone Gonella, Módena, Franco Cosimo Panini.

∙∙ [1998], Occhiacci di legno, Milán, Feltrinelli [trad. esp.: Ojazos de madera. Nueve reflexiones sobre la distancia, Ediciones Península, 2018].

∙∙ [2000], No Island is an Island. Four Glances at English Literature in a World Perspective, Nueva York, Columbia University Press [trad. esp: Ninguna isla es una isla. Cuatro miradas sobre la literatura inglesa, Buenos Aires, Prometeo, 2021].

∙∙ [(2001], Rapporti di forza. Storia retorica prova, Milán, Feltrinelli [trad. esp.: Relaciones de fuerza. Historia, retórica, prueba, México, Contrahistorias, 2018).

∙∙ [2003], Tentativas, trad. de Ventura Aguirre Durán, Morelia-Michoacán-México, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Facultad de Historia.

∙∙ [2006], Il filo e le tracce. Vero falso finto, Milan, Feltrinelli [trad. esp.: El hilo y las huellas. Lo verdadero, lo falso, lo ficticio, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2010]

∙∙ [2010] 2010 Balzan Price for European History [1400-1700], Milán, Premi Balzan 2010.

∙∙ [2013], “Le forbici di Warburg”, en Catoni, Maria Luisa, Carlo Ginzburg, Luca Giuliani y Salvatore Settis, Tre figure, Achille, Meleagro, Cristo, Milán, Feltrinelli, pp. 109-132.

∙∙ [2015], Paura reverenza terrore. Cinque saggi di iconografía política, Milán, Adelphi [trad.esp.: Miedo, reverencia, terror. Cinco ensayos de iconografía política, Rosario, Editorial Prohistoria, 2018].

∙∙ [2016], Cinco reflexiones sobre Marc Bloch, trad. de Carlos Antonio Aguirre Rojas, Bogotá, 2016.

∙∙ Ginzburg, C. [2017], (1989), Storia notturna. Una decifrazione del sabba, Milán, Adelphi [trad. esp.: Historia nocturna. Las raíces antropológicas del relato, Barcelona, Ediciones Península, 2003].

∙∙ [2018], Nondimanco. Machiavelli, Pascal, Milán, Adelphi.

∙∙ [2019], [1976]), Il formaggio e i vermi. Il cosmo di un mugnaio del 500, Milán, Adelphi [trad.esp.: El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo xvi, Ediciones Península, 2016].

∙∙ [2020] (1966), I benandanti. Stregoneria e culti agrari tra ‘500 e 600, Milán, Adelphi [trad.esp.: Los benandanti. Brujería y cultos agrarios entre los siglos XVI y XVII, México, Editorial Universidad de Guadalajara, 2005].

∙∙ [2021], En el taller de Dante. Cuatro ensayos, trad. de Raúl Rodríguez Freire, Adrogué, La Cebra; Santiago de Chile, Palinodia.

∙∙ [2021], Aún aprendo. Cuatro ensayos de filología retrospectiva, trad. de Rafael Gaune Corradi, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.

∙∙ [2021], La lettera uccide, Milán Adelphi [trad. esp.: La letra mata, traducción, edición y notas de Rafael Gaune Corradi, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2024].

∙∙ [2023] (1986]) Miti emblemi spie. Morfologia e storia. Nuova edizione, Milán, Adelphi [trad.esp.: Mitos, emblemas, indicios. Morfología e historia, México, Gedisa, 2008].


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