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    LAS ESTAMPAS JAPONESAS, EL UKIYO-E, Y SU MÁS DESTACADO ARTISTA: KITAGAWA UTAMARO

    Presentamos dos estampas japonesas cuyos dibujos originales pertenecen al notable artista Kitagawa Utamaro, el más prestigioso maestro del Shogunato Tokugawa o período Edo (1603 - 1868). En la historia de Japón se sucedieron tres períodos comandados por el shogun, autoridad máxima que conducía todas las áreas del poder, siendo el último el llamado Edo, que cayó vencido por la llamada Restauración Meiji.
     
    En ese tiempo, Japón permaneció aislado del resto del mundo, salvo unos pocos mercaderes chinos y holandeses que amarraban en el puerto de Nagasaki, más precisamente en el islote de Deshima, cierto período del año, su único contacto con el exterior. El gobierno militar se instaló en Edo -actual Tokio- que en el siglo XVII se convirtió en una de las urbes más populosas del mundo, superando el millón de habitantes. Este fenómeno de concentración urbana también se extendió por otras ciudades como Kioto y Osaka. Tamaño proceso de megas urbanizaciones fomentó en aquellas grandes urbes la creación de verdaderos centros de placer acotados a ciertos barrios reservados. Sin embargo, esta privacidad no pudo frenar el atractivo de la sensualidad de sus cortesanas que pronto se plasmaron en las estampas más exquisitas, las que también aludían a lo prohibido. Así es que desde 1790 se le aplicaban marcas de censura en señal de control.
     
    La xilografía (grabado sobre madera) alcanzó por entonces una enorme repercusión y las estampas -ukiyo-e-, lograron categoría de obras de arte, en particular las nacidas del genio de Utamaro.
     
    Kitagawa Utamaro (1753? - 1806), cuyo nombre significa "cantor de la mujer", logró crear un estilo particular en el que sus retratos femeninos alcanzaron el más alto prestigio, trasladándose en 1783 a Edo junto a su editor (Tsutaya Juzaburo), atraídos por la clientela más distinguida. En esos años ilustró las ediciones más lujosas y en 1788 logró el cenit de la fama con dos álbumes de xilografías titulados "El libro de los insectos" y "El poema de la almohada". Pero en 1804, siendo el maestro más destacado, realizó pinturas que representaban a la esposa y las concubinas de un poderoso dictador militar, las cuales fueron consideradas como insultos a su dignidad y juzgadas como sediciosas por el shogunato de Tokugawa. Utamaro fue castigado y la experiencia lo marcó emocionalmente. Así concluyó su carrera como artistas.
     
    Sus obras se situaban en lo más alto del reconocimiento local, proyectándose tras su muerte hacia el resto del mundo. Influyó a los continuadores del estilo ukiyo-e, y en Europa, donde arribó en el siglo XIX, fue primero admirado por los Impresionistas, y ya en el XX, por las Primeras Vanguardias. Sus influencias se advierten en las creaciones de Van Gogh, Monet, Degas y Klimt.
     
     
    BIJIN-GA, O LAS MUJERES BONITAS
    Las obras aquí presentadas se titulan “Mujer en el apogeo de su belleza” -de la serie “Una colección de mujeres hermosas en el apogeo de su popularidad”-, y “La señorita Tomimoto Toyohina leyendo una carta”. Llevan la firma de su autor: “Utamaro hitsu”; el sello del editor: Tsutaya Juzaburo, y la marca de censura: “Kiwame”.
     
    Sus primeras ediciones fueron ejecutadas hacia 1793 en tanto que los ejemplares aquí estudiados son versiones datadas en torno a 1825. Se las ejecutó en un formato nacido a mediados de la década de 1770, de nombre Oban. Ambas son representativas del más alto período del artista. Utamaro plasmó en ellas su aguda observación sobre la psicología femenina.
     
    En palabras de la especialista francesa Gisèle Cambert, a principios de 1790 Utamaro “consolidó plenamente su talento, con un estilo muy novedoso que lo consagró como maestro indiscutible de su época, sobre todo en el género “bijin-ga” (mujeres bonitas). Atraído por el retrato, realizó verdaderas obras de arte representando rostros en primer plano, bustos (okubi-e) y bellezas de medio cuerpo (cortesanas, camareras, vendedoras...). Abordó el estudio de la psicología femenina, hito crucial de su labor artística. Expresiones, caracteres ligados a los rasgos de la cara, emociones engendradas por el amor, el deseo, la melancolía, actividades femeninas, la maternidad: esto era lo que lo apasionaba. Buscaba siempre la individualidad de su modelo. Y es que Utamaro ‘cantor de mujeres’, fue, por así decir, sensible a cada una de ellas, (...)"
     
    Precisamente de estos años son las dos obras aquí presentadas. “Mujer en el apogeo de su belleza”, realizado con un estampado con brocado que ilustra la delicadeza del kimono, denota el genio artístico de Utamaro. Las diagonales que traza el cuerpo de esta joven estirándose, la mayor de izquierda a derecha y hacia abajo, y la de la cabeza reclinada, hacia arriba, componen la figura dentro del formato tradicional con maestría y proporción, e incluye de modo críptico ciertos detalles eróticos que así superan la censura. En este caso los pliegues del vestido de donde salen los brazos, en especial el derecho.
     
    La estampa titulada “La señorita Tomimoto Toyohina leyendo una carta” denota por su parte dos elementos de un preciosismo técnico: la tinta plateada como fondo, y la realización de ciertos detalles por presión en seco, es decir sin tinta; nos referimos a los bordes de las hojas y las flores.
     
    Ejemplares de ambos grabados se encuentran en la colección Baur de Ginebra, y en el MET de Nueva York.
     
     
    Medidas:
    “Mujer en el apogeo de su belleza”
    38,8 x 25 cm.
     
    “La señorita Tomimoto Toyohina leyendo una carta”
    37,5 x 24 cm.
     
    Ambas obras en buen estado, se presentan enmarcadas.

    GGMM // EBM c/u

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