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    Chañuntuko.

    Pellón araucano

    Notable prenda araucana de uso ecuestre, utilizada en el apero del jinete. Avíos de plata y textiles de fina factura fueron siempre tesoros muy apreciados. Labores de hombres, la platería construyó un estilo propio que reúne un discurso estético a la par de un mensaje simbólico. De igual modo, las tejedoras mujeres le adicionaron a sus prendas la potencialidad de los colores. En este caso, el chañuntuko estudiado cuenta con el amarillo al centro y luego, el morado y el negro. En su universo cultural lleva implícito un mensaje.
     
    En su parte posterior se aprecia un tejido listado con los mismos colores que posee la prenda en su cara visible. Se la confeccionó anudando trozos de lana retorcida (chinai, en lengua mapundung) en toda la superficie del tejido básico, salvo en la franja central donde éste ha quedado libre. Esta prenda en particular posee otro poder mágico entre los mapuches; cuentan varios estudiosos que a los nativos les permite espantar (o atrapar) a los malos espíritus, arrojándoles la prenda por encima en tanto se pregona una oración.
     
    Muy infrecuentes en el ámbito del coleccionismo, los chañuntuko aparecen muy de vez en cuando, y en la mayoría de las ocasiones, los ejemplares que saltan a la luz se encuentran “desflecados” y deteriorados. Aquí lo hemos hallado en buen estado de conservación, con sus colores en gran forma y siendo una prenda de generoso tamaño para su tipo.
     
    Chile, mediados del siglo XX.
     
    Medidas (con flecos). Largo: 128 cm. Ancho: 128 cm.

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    Poncho "obrajes" de tradición jesuítica

    Excepcional poncho tejido en seis paños, sin flecos. Hilo de algodón para la trama y lana de oveja en la urdimbre. La pieza fue confeccionada en un telar de estacas propio de la textilería andina prehispánica, aunque su ornamentación se vincula de modo directo con los ponchos jesuíticos.
     
    Tan bello atuendo proviene de un barrio periférico de la ciudad de La Paz (Bolivia), llamado Obrajes en memoria de los obradores textiles que ya se habían formado en el siglo XVI y que algunos, tiempo más tarde pasaron a manos de los misioneros jesuíticos. Con la Orden de la Compañía de Jesús llegaron las nuevas técnicas -utilizaron el telar de pedales, de filiación europea, y hasta lograron reunir ochenta telares en un mismo obraje; se empeñaron en mejorar la calidad de aquellas producciones e instalaron una variante del poncho, en su caso generalmente formado por largas tiras que luego cortaban para unir simétricamente en dos paños de tres bandas por lado, como ocurre en el poncho que aquí presentamos- y erradicaron la simbología pagana que cargaban los textiles nativos, adoptando nuevas variantes de listas combinadas con minuciosos movimientos geométricos. Aquellas exquisitas producciones -ya en una sistematización cuasi seriada- eran comercializadas por la propia Orden religiosa para afrontar los gastos que su actividad evangelizadora demandaba.
     
    En principio, dichos ponchos fueron de tamaño generoso (para tapar las partes púdicas de los varones) y por elegancia, se les agregaba un corto fleco multicolor en sus cuatro bordes. Pero con la expulsión dictada por Carlos III en 1767, las misiones y obradores sufrieron diversos retrocesos  y en 1781, con el alzamiento de Tupac Catari, la rebeldía de los nativos por ejemplo, hasta supo ensañarse con los telares de pedales que operaran indios y mestizos.
     
    Con las guerras de la independencia de por medio, ya en el andar del siglo XIX  la identidad de los pueblos originarios siempre se reflejó en su vestimenta y entre todos sus atuendos, el poncho fue un símbolo de poder y elegancia. Claro ejemplo de ello son los ponchos obsequiados a los Libertadores José de San Marín y Simón Bolívar; todos de exquisita factura y el que le regalaran a éste último -tejido por las damas cuzqueñas hacia 1825-, una fiel herencia del poncho jesuítico.
     
    Así las cosas, cuando tiempo más tarde los vecinos del barrio de Obrajes quisieron recuperar su producción textil sin el celo de los misioneros, optaron por construir sus originales telares de estaca, incorporaron diseños con símbolos propios de sus culturas, intensificaron el tono de los colores utilizados y en general se despreocuparon de los flecos. Pero las formas del apreciado poncho jesuítico siempre conservó entre ellos su encanto y de las manos de los nuevos tejedores nacieron prendas tributarias de tal tradición.
     
    Nuestro poncho es un fruto de este renacer de la textilería paceña. En los inicios del siglo XX, un tejedor para nosotros desconocido elaboró esta prenda de calidad notable. Lo hizo tejiendo tres bandas a cuatro bordes, las que luego cortó y unió formando dos paños con su boca al centro. En el diseño se advierten símbolos de las culturas locales aymaras y quechua, en un enlace con las formas propias de los textiles jesuitas. Sobre el "poncho obrajes", afirma el estudioso Oscar Barriga Barahona, los indígenas le atribuyen una protección mágica por ciertas cualidades de su técnica.
     
    Medidas. Largo: 183 cm. Ancho: 139 cm.
    La Paz (Obrajes), Bolivia. Primer cuarto del siglo XX.
     
    Bibliografía:
    AAVV: Tejidos Milenarios del Perú. Lima. AFP Integra. 1999.
    Oscar Barriga Barahona: El poncho boliviano, símbolo nacional de identidad social y cultural. La Paz, Bolivia. Fondo Editorial Pensamiento Paceño. 2013.
    Ruth Corcuera: Ponchos de las tierras del Plata. Verstraeten Editores. Fondo Nacional de las Artes. Buenos Aires. 1998.
    José y Javier EguigurenMolina, y Roberto Vega: El Poncho, Arte Y Tradición. Buenos Aires, Vega & Eguiguren, 2001.
    Teresa Gisbert: Arte textil y mundo andino. Tipográfica Editora Argentina. Buenos Aires. 1992.
    Teresa Gisbert, Silvia Arze y Martha Cajías: Textiles en los Andes Bolivianos. La Paz, 1987.

    DHMM

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    Certificado

    Aqsu de Charcas

    Prenda rectangular de uso femenino y tejido tradicional en lana de oveja hilada y teñida. La mujer boliviana la utiliza apoyándola sobre un hombro en tanto que la sujeta al otro con un "topo" o prendedor; el aqsu cae sobre un costado de la dama y a la cintura es ceñido con una faja.
     
    Si bien se forma con dos mitades cosidas -cada una lleva el nombre de "kallu"- la distribución asimétrica de las áreas decoradas le otorga un carácter muy especial, ya que la textilería andina posee como rango distintivo "la dualidad de espejo" o "yanatin". Así se expresa en ella la simetría del cuerpo humano que tiene dos ojos, dos orejas, dos brazos... armando un par perfecto. (Concepto vertido por Tristan Platt en su obra "Espejos y maíz". La Paz, 1978).
     
    En nuestro aqsu, la pampa llana es de color marrón, en tanto que el "pallay" o área decorada se forma con distintas listas de colores lisos y representaciones distribuidas en bandas; un par con el típico zig zag escalonado, y otras en forma de "tocapus" (pequeños recuadros) de origen incaico, pudiendo identificar aquí a una pareja de bailarines vista de frente tomados de la mano, con sus brazos en alto y también, la figura de un águila, en ocasiones con uno dos pichones a sus pies.
     
    Medidas. Largo: 111 cm. Ancho: 77 cm.
     
    Probablemente oriundo de la región de San Pedro de Buena Vista, en Potosí, Bolivia. Hacia 1970.

    EMM

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    Poncho mapuche de

    Prenda tejida en un paño, en telar vertical, con la técnica denominada a faz de urdimbre. Diseño con tres calles de amarrado o guarda atada, y seis de laboreo. Su boca, reforzada por "llankas", en un recurso de similar efecto cromático que se aplicó casi al llegar a sus extremos, los que rematan con flecos de urdimbre retorcidos y anudados. (...)

    Temuco. Chile. Hacia 2000.
     
    Medidas.
    Largo: 176 cm., sin flecos.
    Ancho: 156 cm.
    Flecos: 10,5 cm.

    SEMM

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    Poncho Charazani

    Tejido en lana de oveja, se forma por dos paños unidos en el centro -por costura "de ocho simple"- dejando libre la boca. Se trata de un poncho para fiestas, de ornamentación geométrica y simbólica. En su decoración prima el color rojo, con listas de distintos tonos derivando hacia el rosado, más blanco, azul, verde, amarillo... La pieza posee cuatro guardas distribuidas en ambas mitades de la prenda en forma de espejo; dos ubicadas hacia el centro (las más anchas), y otras dos hacia los laterales. En sus cuatro bordes presenta flecos multicolores, agregados, y sus "esquinas escondidas". (...)

    Charazani, Bolivia. Hacia 1980.
     
    Medidas.
    Largo: 115 cm., (sin flecos).
    Ancho: 114 cm., (sin flecos).
    Flecos: 2 cm.

    GMMM

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    Poncho con bordados.

    Poncho llano de color colorado, con representaciones de hojas y flores bordadas. Lana de oveja  teñida con grana de cochinilla.
     
    Estas formas también fue utilizado en la región del lago Titicaca.
     
    Italaqui. Provincia Camacho. Departamento La Paz. Bolivia. Hacia 1930.
     
    GMMM

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    Camino o Chuse (voz quechua)

    Pieza proveniente de la cordillera, entre el Chaco argentino y boliviano.
     
    Utilizada como carona de mula o “camino” sobre los asientos o bancos. En este caso hay una interesante costumbre, que todavía perdura en algunos pueblos bolivianos. Cuando se llega a una vivienda y es invitado a sentarse luego de sacudir el chuse y darlo vuelta, significa que es bienvenido. 
     
    En el centro de la pieza fue tejida una leyenda: Recuerdo del niño Víctor Hugo Toledo Roja. La obra es el fruto de  una tejedora de muy buen dominio del oficio, quien ha sabido hilar la lana a huso y con tortero, alcanzando un excepcional retorcido que se manifiesta en el brillo de la pieza.
     
    Bolivia, primera mitad del siglo XX.
     
    Medidas.
    Largo: 154 cm.
    Ancho: 52 cm.

    HEM

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    Camino

    Pieza textil de inusual tamaño y calidad, seguramente tejido por encargo para un patrón de hacienda, quien la habrá utilizado en una enorme mesa, posando sobre la misma los más lujosos objetos labrados en plata.

    La pieza fue elaborada por un notable tejedor, quien habría realizado el diseño por indicación de un criollo, pues su armonía ornamental no responde fielmente a las formas características de la textilería etnográfica de la época. En uno de sus bordes, las pirámides escalonadas fueron extraídas de la decoración arqueológica, en tanto que los animales que se advierten en dos de sus listas sí son propios de aquel tiempo y lugar, del mismo modo que los diseños serpenteantes y en forma de espigas que contiene la otra lista. Entre los dibujos de animales y figuras humanas estilizadas, vale la pena detenerse en las representaciones de cóndores y de otras especies, algunas de ellas bicéfalas, y de camélidos.
     
    A partir de este conjunto decorativo tan poco frecuente, cabe suponer que la mixtura criolla en su ornamentación nos habla de un tejedor nativo y de un encargo realizado por quien, en esos años, revalorizaba las culturas autóctonas desde sus manifestaciones más arcaicas.
     
    Potosí. Bolivia. Mediados del siglo XIX. 
     
    Medidas.
    Largo: 434 cm.
    Ancho: 34 cm.

    DMMM

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    Alfombra Calcha

    Excepcional tejido en lana de oveja, decorado con un complejo universo de figuras, entre las que destacamos las parejas de bailarines, animales mitológicos, aves, zuris con una víbora en su pico, árboles de la vida y estrellas de ocho puntas de origen incaico.
     
    La pieza fue teñida con anilinas, al uso más moderno, aunque su confección de alta calidad nos habla de un eximio artesano, lamentablemente desconocido para nosotros.
     
    El universo de figuras reunido nos indica que su autor se nutrió en las formas decorativas étnicas de esta región andina, tan rica en su tradición textil, pero lo ha hecho en una versión libre criolla.
     
    Estas alfombras solían utilizarse en especial en las ceremonias religiosas o civiles de alto valor simbólico y social; no eran de uso cotidiano.
     
    Calcha. Bolivia. Hacia 1970.
     
    Medidas.
    Largo: 167 cm.
    Ancho: 168 cm.

    GSMM

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    Par de alfombras o tapices

    Lana de oveja hilada y teñida con anilinas de vivos colores. Ambas prendas reúnen diseños de carácter europeo, como las espigas de trigo, y representaciones iconográficas del pueblo andino (un hombre y una mujer) con sus vestimentas típicas.
     
    Probablemente confeccionadas en Villa Rivero, el único centro boliviano donde sobrevivió la antigua tradición textil de tapicería. (Teresa Gisbert: Arte textil y mundo andino. Tipográfica Editora Argentina. Buenos Aires. 1992) Artesanos duchos en el oficio tejen los tapices en telares de lanzadera en un solo paño y con una técnica particular de la tapicería que permite formar las figuras como si fueran logradas por distintos cortes de tela, cuando en realidad el efecto se obtiene con el mismo tejido.
     
    Las prendas nacidas en los talleres de V. Rivero sufrieron modificaciones hacia 1950, cuando unos promotores artesanales norteamericanos inculcaron el uso de diseños provenientes de la cultura Tiahuanaco y de lanas de color natural, considerando que el turismo veía en ambos motivos el carácter etnográfico de estas prendas. En este par de tapices se dejó de lado dicha influencia, retornando a los viejos diseños que aunaban las huellas de la tapicería europea , sólo que ya americanizadas con las representaciones de los pobladores andinos: la chola con su "awayo" a los hombros (A) y el cholo tocando la quena (B). Ambos tapices llevan tejidos nombres masculinos.
     
    Villa Rivero. Provincia Punata. Departamento de Cochabamba. Bolivia. Hacia 1970.
     
    Medidas.
    Tapiz A. Largo: 180 cm. Ancho: 136 cm.
    Tapiz B. Largo: 172 cm. Ancho: 148 cm.

    GGMM

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    Par de alfombras

    Tejidas en telar rústico criollo horizontal. Lana de oveja hilada y teñida. Colores rojo y negro en una de ellas, y mora, azul y blanco en la restante; ambas con sus flecos laterales en color blanco.
     
    Belén o Tinogasta. Catamarca. Contemporáneas.
     
    Medidas.
    1. Largo: 112 cm. Ancho: 77 cm.
    2. Largo: 110 cm. Ancho: 78,5 cm. Flecos. Largo: 7 cm. 

    DBM

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    Matra

    Lana de oveja hilada a mano y teñida con colorantes naturales. Prenda rectangular tejida en telar vertical indígena con la técnica de faz de urdimbre, a cuatro bordes. Su ornamentación comprende símbolos geométricos -escaleras, triángulos y rombos- que se reúnen cromáticamente en listas de distintos colores, las que convergen desde ambos lados hacia el centro de la prenda.
     
    En la cultura mapuche, las figuras geométricas de sus textiles conllevan mensajes representativos; por ejemplo, los rombos escalonados "hablan" de estrellas y los triángulos repetidos hacen referencia a las regiones boscosas.
     
    La matra posee un uso generalizado en el apero de montar. Los gauchos la adoptaron desde tiempos lejanos en otro cruce cultural dado entre indígenas y criollos.
     
    Patagonia. Argentina o Chile. Hacia 1950.

    Medidas:
    Largo: 88 cm.
    Ancho: 60 cm.

    OOMM

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    Camino mapuche

    Tejido en telar vertical, prehispánico, hoy vigente en las comunidades Mapuche. Lana de oveja hilada a huso y teñida. Prenda tejida con faz de urdimbre, de modo tradicional y de uso urbano.

    En su diseño, dividido en tres tramos; la primera sección comprende rombos de ubicación concéntrica; la segunda es un gran rombo envuelto con ganchos, y la tercera, con dos rombos contenidos por una sucesión de líneas en zigzag que representan ríos y cerros.

    En sus bordes laterales, listas de peinecillo doble. Al comienzo del tejido, un "enguachique" acordonado, y al final, concluida una composición, con su tela recortada cuidadosamente.

    Patagonia Argentina. Mediados del siglo XX.
    Medidas.
    Largo: 127 cm.
    Ancho: 61 cm.

    EMM

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